Clientes de esta humilde tienda

¿y aquí quién atiende?

Mi foto
Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

martes, octubre 10, 2017

Mente y fe

Minuto 93, Match Point, última vuelta, 15th round,...dos o más adversarios con las mismas bondades físicas se miden, todo se reduce a cuál "piloteará" mejor la presión.

La Selección Colombia de fútbol llegó al penúltimo encuentro de las eliminatorias, en una posición relativamente cómoda, clasificado al mundial, presto para recibir en casa a Paraguay (que en ese momento marchaba séptimo con ventiún puntos) y con la mayoría de sus figuras "rompiéndola" en sus clubes.

Durante la semana, hubo toda clase de opiniones por el hecho de cambiar el horario habitual de los partidos (3:30 p.m.) a las 6:30 p.m., los detractores de la idea denunciaban que Colombia perdía la ventaja estratégica al trasladar el cotejo a una hora menos húmeda y caliente, otros aplaudieron la decisión, porque a esa hora jugaban todos los demás rivales directos, y se esperaba que ellos no jugaran sabiendo el marcador de la tricolor... ¡opiniones!

En fin, lo que pasó en el partido es algo difícil de describir, y ni se diga de asimilar. Fue como un trámite lento y cansino en el primer tiempo, mucho nervio, pocas llegadas de cada bando y el nivel de ansiedad a tope. Los marcadores de los otros partidos acentuaron la incertidumbre. En el entretiempo la fila para ir al baño en el Metro, parecía de un kilómetro, la cerveza "bajaba" como agua y no hacía ni cosquillas, los corrillos de pocos hinchas simulaban pequeñas charlas técnicas: "yo sacaría a este, subiría a aquel, formaría con tal línea,...".

El juez brasileño dio inicio al segundo tiempo, todos a sus puestos, Colombia salió a ganarlo y a buscarlo, Paraguay entendió que también tenía que ir por los tres puntos o si no sería otro de los marginados de la cita moscovita, ahora sí era un partido de fútbol. Las opciones llegaban pero no se concretaban, hubo cambios que dinamizaron las pretensiones de cada onceno. Minuto 79, el 50% del 'Chateo juniorista', Yimmy Chará, clava el zapato para enviarle un pase exquisito a Falcao que corrió hacia el arco guaraní, para con un leve toque en vaselina, decretar el 1-0 y el check in del vuelo a Rusia. La euforia que se sintió en el estadio no se puede expresar con palabras, esto fue más que la celebración de un gol, fue la exclamación de gloria unísona, fue libertad para un convicto, fue luz para un invidente, fue puro éxtasis. Este fue el final de algunas películas en donde el protagonista salva el mundo o desactiva la bomba faltando dos segundos. En ese escaso minuto de júbilo fuimos todos colombianos. 

Los minutos siguientes fueron solo angustia. 'El Profe' le dio aire al mediocampo y sustituyó a Abel Aguilar por Barrios. Los de arriba, acusaban un cansancio que exige revaluar la calurosa sede, la tricolor "jugaba" de puntín hacia arriba y en la tribuna el triunfalismo que nos caracteriza no se hizo esperar... "oe, oe, oe, oeee, Rusia, Rusia,...". Llegó el fatídico minuto 89 en el que al menos humano de todos le tocó serlo y errar, David Ospina trata de controlar un balón servido desde lejos y el usual salvador de nuestro equipo, se volvió el verdugo...¡Gol de Paraguay!

El silencio ensordecedor fue una corriente fría que recorrió el Metro. La fe se mantenía, quedaba tiempo, vamos que se puede,... Minuto 90: Yimmy Chará mano a mano, dispara un balazo al ombligo del arquero; minuto 91: Santiago Arias se saca al arquero paraguayo fuera del área, James espera el pase en fuera de lugar, pero Falcao que también espera, lo puede recibir, el lateral llega sin piernas y sin frialdad para hacer el pase, opta por el remate tibio y un defensor rival lo desvía; minuto 92: Fabra se escapa por izquierda, tres esperan el pase de la muerte (futbol 1.1) para liquidar a los guaranís, el lateral bostero la entrega tenuemente a las manos del arquero. Minuto 92: los de arriba no regresan, al área de Colombia llega un balón desde la banda derecha, Ospina de nuevo se lanza a agarrarlo y la leve velocidad que traía la pelota no supone riesgo, el arquero es un manojo de nervios y yerros, la pelota le rebota inexplicablemente y Antonio Sanabria apaga las luces en toda Colombia. Paraguay gana 1-2.

Sobra decir que después de semejante baldado de agua fría, se oyó de todo: insultos, teorías, el famoso "yo hubiera", etc. Lo cierto del asunto es que en la opinión de este humilde servidor, este partido se perdió desde el minuto 89 al minuto 92. Fue allí que Colombia careció de "mente" para cerrar y concretar las opciones que tuvo. Colombia pierde por no saber manejar la presión de tener el tiquete al mundial listo.

Hoy nos toca medirnos en Lima contra una de las selecciones más aguerridas y "hambrientas" de los últimos combos. 35 años sin asistir a un mundial, hacen de Perú un rival espinoso y laborioso, la aspiración de Colombia de ir a ganar en este difícil patio, va a demandar de la sele, no solo que todos sus jugadores se jueguen el partido de sus vidas sino que le pongan mente al mismo nivel que todos los que no entramos al campo, le estaremos poniendo fe. 

El camino a Rusia se labrará con mente y fe. Nos vemos a las 8:30 a ver cómo nos fue.

@donnyrossoff



  

lunes, agosto 21, 2017

A llorar a otra parte



De antemano admito, que como buen político colombiano, haré un "reversazo" de muchas cosas que he escrito en este mismo blog.

Desisto de seguir quejándome por los árbitros, por los yerros que favorecen al local, por Nacional, por Postobón, por Win, RCN, el Deportivo Cali, por el Barcelona, por el Real Madrid, por el equipo afecto al organizador del torneo de barrio en el que participaba.

La verdad es que quejarse no sirve de nada y los títulos aparecen en las vitrinas de los favorecidos sin mancha alguna, inmaculados y brillantes. Las estrellas se bordan en las camisetas sin tacha, sin asterisco aclaratorio que lo lleve a uno a pie de página en donde se lea: "Campeón temporada 2015 con arbitraje polémico en la semifinal".

Desde que el América de Cali (el equipo de mis desamores) bajó a la categoría B, incluso antes, ya muchos seguidores escarlatas (y de otros equipos), nos quejábamos constantemente de los arbitrajes y de las "ayuditas" que le daban a equipos filiados empresarialmente con los derechos de televisión o con la empresa que bautizaba el torneo. Y no eran ayudas sutiles, sí había preferencia y sí hubo títulos y reconocimientos otorgados a algunos equipos de manera favorecida. Pero igual ¿a estas alturas qué importa?, como empecé diciendo, lo que la gente recuerda es el galardón, el título, el palmarés, no cómo se llegó a él. Cuando promocionan una película y dicen de sus actores: "el ganador del Oscar y la cuatro veces ganadora del Emmy", uno no se preocupa por saber, por qué interpretaciones fue que los nominaron, solo que el tipo tiene un Oscar y la señora, cuatro premios Emmy. 

Ya estamos en el segundo semestre de la Liga Águila, América no necesita que le ayuden a sus rivales para mostrarse como un equipo sin sangre, sin identidad, sin alma y sin propósito. Ya ni siquiera los hinchas de los otros equipos se burlan, se refieren a 'La Mechita' con preocupación, con pesar. Del otrora grande vallecaucano, solo quedan los recuerdos nostálgicos de sus hinchas mayores de 30 años y una vitrina de títulos vetustos. El Diablo anda de capa caída. El fuego del descenso lo acosa, lo trasnocha, lo agobia. El Técnico está en el ojo del huracán, el Presidente, el afable don Tulio, también está cuestionado, pues su angosta visión gerencial le alcanzó para llegar a la A, pero no para volver a ser un grande en ella.

Amanecerá y veremos, porque ayer, en el mítico América-Millonarios, solo se vieron bostezos, caras largas y ceños fruncidos, fútbol pocón pocón. Que hubo cuestiones arbitrales para analizar, claro, las hubo; pero es tan pobre el flujo de juego de los escarlatas, que ya ni con el árbitro uno se ensaña, al contrario da pesar ese pobre corriendo 90 minutos detrás de 22 troncos. 

Mi esposa me mira cuando apago el televisor, y antes de que empiece mi retahíla de descargos sobre el partido, me dice: "a llorar a otra parte". 

lunes, junio 26, 2017

El eufemismo, un insulto a la inteligencia



Usualmente no me ofendo cuando me dicen bruto, pero en Colombia no hay más para dónde moverse en materia de "insultos a la inteligencia". A punta de eufemismos nos han robado, sometido, vulnerado, acusado y violentado. A una vulgar componenda le llamaron "paz". A la exigencia de justicia para unos groseros escándalos de corrupción, cometidos por dos exministras homosexuales le llamaron "homofobia". A beneficios, curules e impunidad para delincuentes y terroristas, le llaman "la fiesta de la paz", a la crítica de esta realidad meliflua, le llaman "fascismo"; al hecho de objetar el "pistolazo" que le hicieron a la voluntad popular (el 2 de octubre) por parte de esta ramplona dictadura -llamada eufemísticamente: democracia-, lo hará acreedor del singular apodo 'enemigo de la paz', y así...

Hoy miro mi ciudad, Bogotá, en la cual nací y he vivido los 37 años de vida que tengo (lo cual indica que he padecido más o menos 10 alcaldes - antes los periodos eran de dos años) y veo con estupor que a una 'componenda revanchista', del saliente, cuestionado, inhabilitado y derrotado alcalde Petro y del Senador del Polo Democrático, Jorge Enrique Robledo (impulsor de la campaña de Samuel Moreno) en contra de Enrique Peñalosa, le llaman elegantemente "revocatoria".

Miro hacia el Oriente (al vecino chamo) y veo a personas que tienen que escarbar la basura algo para comer, mientras se alzan en protestas y marchas, que sin piedad son aplastadas por las tanquetas que el "garante de nuestra paz" (otro hediondo eufemismo) les manda. Venezuela sufre y llora mientras que camina sobre suelos opulentos. Su realidad, que debería ser de abundancia, es un antónimo de ella, mientras que la gente sigue muriendo por cuenta de otro asqueroso eufemismo: "revolución".

¿Allá llegaremos? Pocas veces en la vida uno tiene la oportunidad de ver y conocer de cerca lo que le depara el futuro. Colombia la tiene con Venezuela, pero aún así, entiende la suerte de su hermana como algo que nunca le ha de pasar, nunca de los nuncas, como ese que piensa que las tragedias son para los demás, hasta que se ve envuelto en una. Ojalá no seamos tan obtusos* y despertemos pronto.

Otra vez estamos ad portas de una contienda electoral, donde la entrada, el plato fuerte y el postre están sazonados con lo mismo: odio.

Pronto veremos mensajes de los mismos falsos caudillos vendiéndose a través de insultantes eufemismos como "la solución, la alternativa, la nueva generación, la independencia, la verdad revelada,...". Lo cierto es que nuestro pasado ha sido violento, sanguinario y corrupto; nuestro presente es falaz, mezquino, violento y corrupto;... Y nuestro futuro, por más eufemismos que le pongan, parece que será entoldado*.

* Eufemismo

@donnyrossoff

lunes, junio 12, 2017

Con los ojos rojos

Digan lo que quieran, que mal perdedor, que no pierdo una...

Otra vez el América se queda por fuera de una final, ultimado por su rival de patio (aclarando que lo es, cuando le conviene usar el patio de San Fernando). Los verdes del país (Cali y Nacional) se encontrarán en la primera final del año 2017. Los del casi (América y Millonarios) a buscar consuelo para mitigar la tusa de estar tan cerca del título y al final, tan lejos como el peor de los 20 equipos.

Pero vamos al punto, la piedra que tengo radica en varias cosas, para empezar esta caterva de pusilánimes que ponen, dizque, a impartir justicia en cada juego. Aquí los árbitros, salvo que se juegue contra Nacional o Cali (los equipos más yuppies de la liga y casualmente, los finalistas), siempre actúan favoreciendo al local. Es el pavor propio del cobarde, el que mueve a los de "negro" a ayudar a los equipos dueños de casa. Claro, hay excepciones que confirman la regla, pero que al local le dan, le dan... Y entre más público tenga, peor será la dádiva. Así no se "echan encima al público" y coinciden con la lógica de analistas y periodistas deportivos.

En ese sentido me debo referir a la enorme injusticia que se cometió con 'La Mechita'. En días pasados por un juego de la Copa, el Deportivo Cali midió fuerzas con el América, en el coloso del barrio San Fernando - El Estadio Olímpico Pascual Guerrero. Cali, por su calidad de local, debía preparar el esquema de seguridad. Lo cierto es que no hizo su tarea, los hampones disfrazados de hinchas, de ambas escuadras, se cogieron a bala (leyó bien: ¡bala!) antes del partido. Como aquí la justicia es tan paquidérmica como la Policía, el encuentro se realizó de todos modos. Como el Cali era local, el árbitro hizo lo suyo con el silbato. En cuanto se acabó el partido, los hinchas (y los hampones disfrazados de hinchas) de cada onceno, se metieron a la cancha y se siguieron dando con lo que había. Algunos huyeron, otros atacaron, otros siguieron batallando campalmente. Lo cierto es que por cada persona con la camiseta escarlata, habían siete con la verdolaga. Para hacer el cuento corto, al Cali le levantaron la sanción y al América no. Al América le tocó jugar la ida de la semifinal sin público, al Cali no. El América, al no tener gente en la gradería, no lo favoreció el árbitro, al Cali sí. El América está eliminado, el Cali no.

Que el América también tiene la culpa ¡obvio microbio!, el resumen del juego indica que no le metemos un gol al arcoíris. Algunos jugadores parecen recién purgados y otros, a pesar de jugar en un clima cálido, lo hacen como si estuvieran en Alaska.

El punto de esta breve queja, es preguntar qué hacer para tener una liga que uno como espectador medianamente disfrute y en donde sí gane el mejor y no el que más tiene. ¿Cómo no terminar después de cada fecha con los ojos rojos? 




lunes, marzo 27, 2017

Sin indemnización, por favor


Estamos tan acostumbrados a poco, que poco nos parece plausible. Basta que un alcalde tape un hueco para decretar que ha sido el mejor de todos. Si un congresista no roba tanto, se gradúa en nuestros afectos como el mejor parlamentario de la historia.

Nuestra autoestima no estima niveles de dignidad aceptables en otras latitudes. 

El fútbol no escapa a este comportamiento. Somos en mayor o menor medida conformistas e indulgentes con nuestros equipos y jugadores, por eso cualquier crítica sobre ellos es tomada como una afrenta, como una persecución, como deslealtad o como simple bronca.

El jueves pasado la Selección Colombia derrotó a su similar boliviana 1-0 en el Metropolitano y se ubicó cuarto en las eliminatorias sudamericanas al campeonato mundial de Rusia 2018. Si se mira el guarismo y la posición, no hay nada qué decir, estamos clasificados y ganamos en nuestra cancha. Sin embargo hay varias cosas, que más allá de la actuación de la tricolor, desde la dirección técnica de Pékerman, dejaron, como diría el 'Totono' Grisales, "un sinsabor amargo".

Los inventos: aunque algunos de los más avezados periodistas deportivos del país, argumentaron que la formación fue una apuesta arriesgada, pero coherente. Desde estas humildes líneas, creo que si usted llega a la fecha 13 (de 18) a hacer inventos con la formación, literalmente está perdido. Yo no tengo la oportunidad de visitar las capitales del mundo y los monumentales estadios en los que juegan nuestros seleccionados, sin embargo con una suscripción básica de televisión por cable, me basta para saber que Cuadrado (por hablar de uno) juega en la Juventus de volante de segunda línea, tirado al ataque por la derecha, con llegada, centro y gol. Cumple labores defensivas, pues en Europa todos los equipos juegan bajo la consigna holandesa, de que todos atacan y todos defienden. Pero ver a Juan Guillermo de lateral, fue un insulto a la amateur inteligencia táctica. Los recorridos fueron largos y fútiles. La gambeta desequilibrante fue inocua en la mitad del campo. El invento, fue un desastre. 

James y Macnelly: no hay que ser un Nostradamus del fútbol, ni tener las habilidades de espionaje de la afamada espía holandesa Mata Hari, para saber que James va a ser objeto de marcas indiscriminadas por parte de los equipos rivales. El cucuteño es el referente de nuestro fútbol hoy por hoy, ostenta el número 10 del equipo más importante del mundo y a pesar de que pasa más tiempo en el banco que en el campo, siempre es un exponente de talento cafetero. En el partido contra Bolivia, como en varios de la Eliminatoria, James se vio atosigado y angustiado. La precisión de sus pases y la potencia elegante de sus remates, brillaron por su ausencia, lo que era de esperarse. Sin embargo es ahí cuando los demás deben decir ¡presente! y brillar como lo hacen en sus clubes. Macnelly no ha sido, no fue y no será. Siempre luce lánguido, sin aire, errático y lejano del 10 del verde paisa que cada domingo deleita el rentado criollo. La pregunta es, ¿por qué sigue siendo titular? El "profe" ha borrado jugadores por rendimientos más provechosos que los del volante barranquillero. Me molesta que a James se le pide mucho y a Macnelly poco. Me molesta que la prensa sea rigurosa con el volante madridista y alcahueta con el verde, que parece reservar sus talentos para la escuadra antioqueña. 

La convocatoria y la titular: el abuelito querido (Don José) tiene un carisma extenso y melancólico. Ciertamente es raro no apreciarlo, se ve como un cano cómplice de sus nietos e hijos. Me duele despotricar de él y sé que muchos no compartirán esta opinión, pero no deja de ser extraño y de generar suspicacias por demás, la convocatoria de ciertos jugadores, que más allá de los partidos, no deberían estar entre los 23 o 25 mejores jugadores de todo el país.

Empecemos: Mateus Uribe, jugador promesa del Nacional, que si bien la mueve ante los felinos equipos de la liga, no le da en los tobillos a Daniel Torres, quien vio debutar al nacionalista ante Bolivia. Con más pena que gloria, debo agregar.

Wilmar Barrios: no tengo nada en contra del pela'o. Pero en serio, ¿no hay más? Siento que estos jóvenes son convocados más para engordarles la hoja de vida, que para ser una solución táctica en el terreno de juego.  

Stefan Medina, vinculado contractualmente con el yerno del argentino al mando de la Selección. Resistido, corriente, apático e insípido. Su crónica convocatoria le valió un tiquete a la liga mexicana y seguramente un futuro cuantioso en un equipo mediocre de Europa.

Así podría seguir, pues el viejo José solo ha repetido nómina en los dos primeros partidos de la Eliminatoria, lo que me lleva a pensar que el gaucho, como ya sabe que no seguirá con Colombia, vayamos o no a Rusia, está buscando su indemnización y un retiro digno del mundo del fútbol que tantas glorias le dio. 

Hoy, ad portas de un partido neurálgico ante Ecuador, y del cual depende en gran medida, nuestra ida a la tierra de los zares, quiero decirle a don José Néstor, que este partido quiero que lo piense, lo planee y lo juegue, sin indemnización, por favor.


martes, marzo 14, 2017

Desencantado del amor



El amor, como dice la canción, llega a nuestra vida y no nos damos cuenta. De hecho, a lo largo de ella son varios amores, y de diferentes clases, los que golpean con incalculable fuerza nuestras entrañas. Con euforias, alegrías, decepciones y tristezas, reducen nuestra expectativa de permanecer vivos, pero ¿para qué vivir sin razones por las cuales morir?

En mi vida existen muchos amores y este texto no es una catarsis marital ni mucho menos, hoy voy a hablar de un amor que llegó tempranamente a mi conciencia y nunca se fue: el fútbol. 

Ese juego, hijo ilegítimo del rugby, inventado por los ingleses, perfeccionado por los brasileños y patentado por los alemanes, que desde hace un buen tiempo es el más popular del mundo.

Como la mayoría de los amigos que tengo, soy un futbolista profesional frustrado (sí, de esos a quienes una lesión -usualmente de rodilla- en el cenit de su juventud, los truncó de fichar con el Real Madrid, el Milan o el Manchester), por eso cada vez que tengo oportunidad me juego mundiales de potrero y finales de peladero. Siempre que hay oportunidad, veo partidos de mi amado y desagradecido América de Cali, de la lánguida liga colombiana, de la Copa Libertadores, de la Champions, el Mundial, Copa América, Eliminatorias de todas las confederaciones, Sub 15, 17, 20, 23; liga femenina, etc. Incluso me he sorprendido viendo un clásico del fútbol peruano por allá a las 7:00 de la mañana un domingo. ¡Qué puedo hacer, estaba enamorado del fútbol! 

Y digo, "estaba" porque recientemente me he desencantado de este amor.

Cual pareja caprichosa, el fútbol me hace rabiar con muchas cosas que hace... Cosas como ver que el interés monetario de los dueños de algunos clubes, prima sobre el interés de levantar copas, de enorgullecer a los hinchas y de quedar en la historia. Cosas como la corrupción inherente a los entes rectores y directivos de las confederaciones. Cosas como las mal llamadas "barras bravas", un puñado de mequetrefes, que escondidos detrás de una camiseta, violentan al contrario, amenazan jugadores, sacan técnicos, ahuyentan visitantes y mutilan el espectáculo. Cosas como los jugadores tramposos, mañosos y marrulleros...

Todas esas cosas me hacían rabiar, pero resultaban condonables frente a las otras cosas que hacen del fútbol una pasión maravillosa. Sin embargo, desde el último partido del Barcelona por la Champions League frente al PSG, esta traga maluca se me convirtió en algo maluco de tragar. 13 "errores" arbitrales determinantes en el curso del partido, lograron remolcar al equipo catalán a los cuartos de final del certamen de clubes más importante del mundo, después de que fuera batido en París 4-0.

Maldigo al árbitro alemán Denis Aytekin (quien como dato curioso cuento que tiene un hermano que ganó 148 mil euros apostando a la remontada barcelonista), porque me sometió a verlo: regalando penaltis para favorecer al culé, olvidando sacar la tarjeta colorada a los blaugranas, pitando cual socorrista en contra del elenco galo; me obligó a sentir lo que debe ser ver al amor de tu vida con otro.

El alemán fue como el mal amigo que te roba la novia. Personificó la decepción y el desasosiego, que llegaron a niveles de abatimiento. Lo anterior sumado al malestar producido por el repulsivo y prestado triunfalismo de la prensa criolla. Sus eufemismos carnavaleros caldearon mi decepción. Palabras como: "épico", "remontada", "milagro" y "gesta" inundaron los editoriales que hablaban de la injerencia del árbitro someramente, mientras elogiaban el temple y el talento de los jugadores del onceno español.

Estoy desencantado del amor por el fútbol. Estoy desencantado porque el deporte de mis amores entregó melifluamente sus contiendas más inspiradoras al criterio de un ser humano, corruptible, falible y por definición, sesgado. Estoy rabioso porque el fútbol se niega a evolucionar, se enorgullece anacrónico, vetusto y análogo en una era digital. Estoy "entusado" porque quiero volver a enamorarme del soccer, como le dicen los gringos. Quiero volver a creer que si un equipo levanta la copa, es porque cada gramo de ella la merece y no porque un árbitro, arbitrariamente se la regaló.



viernes, marzo 03, 2017

Escribir calma la úlcera

Hola, me había dado un periodo sabático (o un tiempo, como dicen los novios) de escribir y de plasmar en este espacio, al que algunos amigos y seguidores aún asisten, ideas, reflexiones, críticas y hasta madrazos, provenientes de la ardua labor que es vivir en este mundo, en este país y en esta ciudad.

Vuelvo porque aunque lo he tratado todo, nada me quita ese ardorcito en la parte alta del estómago, que me produce saber y tratar de entender por qué somos como somos. 

Es claro que al primer síntoma, como buen colombiano, lo natural es autodiagnosticarse... "Gastritis, úlcera, estrés, tome Omeprazol y vuelva a verme en una semana" dijo Donny M.D. Claramente y aunque soy más competente que muchos de los galenos del país, quienes usan el Acetaminofen como panacea para cualquier dolencia del cuerpo humano, la molestia persistía y es más, me daba a las 7:00 a.m., al mediodía y a las 7:00 p.m. Con el tiempo mi médico y yo, concluimos que el factor detonante de mi molestia era vivir en Colombia, así como el agente causante era ver las noticias. Mi médico me mandó a dieta rigurosa de noticias, boletines, periódicos, trinos y cualquier cosa que conllevara información "gastrítica". Naturalmente y como lo he hecho muchas veces, rompí la dieta con descaro. El doctor, un poco frustrado utilizó otros procedimientos alternativos, para darle al chiste. Pasamos por medicina alternativa, yoga, psicología, etc. Y sí, fue así que volví a las letras... La conclusión: escribir calma la úlcera.

Por ejemplo escribir acerca del cinismo imponderable de Santos: diciendo que era un "oportunista" aquel político que usara la paz como tema de campaña. O Gina Parody y su novia, saliendo del país a esconderse, mientras que recurren a llamar "uribista" al único medio informativo, que con sendas evidencias, demostró que desde sus cargos de Ministras aprobaron una carretera (para que la hiciera Oderbrecht), que "casualmente" desembocaría en Puerto Parody.

Escribir acerca de lo repugnante que resulta ver a Gustavo Petro y a Hollman Morris, miembros de ese aborrecible partido llamado 'progresista' y autores intelectuales y materiales de una de las peores alcaldías de las que se ha tenido noticia en Bogotá, hacer una campaña para revocar al nuevo alcalde, cuyo delito ha sido, en menos de un año, intentar revertir todo el daño que cometieron los alcaldes antecesores en los últimos 12 años. 

Escribir sobre lo ignominioso que es ver que ahora un guerrillero, cuyos delitos fueron obviados con la excusa de la paz, se va a ganar $1.800.000 y el Estado lo va a armar, para que funja como escolta de sus excomandantes, mientras que en el país hay más de 2,5 millones de desempleados, 9 millones sobreviven del "rebusque" y cuando el salario mínimo, que le ofrecen a un profesional por un trabajo de 48 horas a la semana, no pasa de 750 mil pesos.

Escribir sobre lo ultrajante que resulta la indiferencia de la gente ante los actos de corrupción del Presidente, en el escándalo de Oderbrecht. Si no sabe qué pasó, le hago una breve cronología:

1. Otto Bula, otrora congresista santista, una vez se ve pillado en el escándalo, prende el ventilador y echa al agua al Presidente. Declara que le dio 1 millón de verdes para que los pusiera en la campaña de reelección del 2014.

2. 'Juhampa', desmiente. ¿Cómo creerle a un delincuente? (Raro, cuando hay más de 2.000 políticos presos por parapolítica, a partir del testimonio de presos convictos y condenados).

3. 'Juhampa' vuelve al ataque y amenaza con extraditar a Otto Bula.

4. Otto Bula, a través de una carta que tiene la caligrafía de un niño de 4 años con Párkinson y en donde su nombre está mal escrito (Oto), se retracta y exonera a Santos y a su campaña de recibir dineros calientes.

5. Bula ya no es considerado por el mandatario como un delincuente, sino como un testigo clave en el asunto Oderbrecht (en donde también está salpicado Óscar Iván Zuluaga, del Centro Democrático).

6. Otto Bula es trasladado a la cárcel "resort campestre" situada en Crespo, en donde se espera que siga denunciando políticos, ojalá de la oposición.  

Escribir acerca de la risible ironía implícita en que una senadora aliada de este gobierno, esté recogiendo firmas, dizque para una consulta anticorrupción. 

Escribir sobre... ¡Un momento!, ya no siento la molestia. Por ahí creo que el tratamiento funciona. Espero que a usted leerlo le funcione igual que a mí. Próximamente, más úlceras.

@donnyrossoff