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¿y aquí quién atiende?

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Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

viernes, enero 13, 2012

No va a haber con quién

La Publicidad, disciplina omnisciente, omnipresente y pletórica de geniales e irreverentes “creativos, planners, gurús, vacas sagradas y celebridades” se rajó en cuanto a consciencia ambiental. ¿Qué es lo que pasa?

Cuando me llamaron para que escribiera este artículo, pensé en una infinidad de inicios, redondeos y desarrollos de la idea principal acerca de los esfuerzos de la Publicidad colombiana en pro del ambiente. Gran parte de mi tiempo la dedico a enseñar en una Universidad de Bogotá, así que el primer y obvio referente de investigación debía ser el antecedente académico, ¿qué se ha hecho?, ¿cómo participan las comunidades universitarias en iniciativas que defiendan la naturaleza?, ¿a alguien realmente le importa?

Antes de llegar a la Facultad y de responder esos interrogantes me encontré unos mensajes dispuestos (pegados con cinta y hechos a mano) a lo largo del claustro donde cuestionamientos acerca del ambiente atacaban al transeúnte con preguntas directas y retóricas. “¿Sabes cuánto se demora en descomponerse un pañal?”, “¿sabías que con el aluminio que desechamos los seres humanos en un mes, podría construirse toda la flota de aviones del mundo?”, (incluso uno que tenía una lata pegada) “¿sabes cuánto se demorará el ambiente en destruir esta lata?”.

Debo confesar que, aunque carentes de estética y faltos de toda noción artística, los mensajes alcanzaron a hacer que me sintiera ignaro en el tema, ajeno y hasta culpable. No tengo ni idea de nada relacionado al ambiente, sé de algunos datos, porque los he leído o los he visto los especiales de Natgeo, pero francamente, si más de la mitad de los publicistas sabe menos que yo, el mundo está perdido. Y no es una visión modesta (para aquellos que piensen que no sólo de Publicistas es el problema), lo que sucede es que nosotros somos gestores y catalizadores de información que vale y representa dinero, mucho dinero. Si nosotros que trabajamos con la información, transformándola, modificándola y llevándola no sabemos nada del tema, ¿quién lo sabe? Continué mi camino y al llegar a la Facultad le pregunté al Decano acerca de las iniciativas de la comunidad publicitaria en pro del ambiente y la conservación ecológica, su respuesta fue tan austera como mis conocimientos. ¡Preocupante! Indagué un poco más y los resultados fueron pobres, pobrísimos. En las universidades el calentamiento global, la polución y la tala de árboles no son temas de la agenda, eso es problema de otros, “aquí hay cosas más importantes que resolver”. Eso sí, los letreros de no pisar el prado, están siempre erguidos, orgullosos y cumpliendo con su deber. Luego me dirigí al terreno netamente práctico. No fue difícil encontrar en la web miles de anuncios, de diversas latitudes, en favor del cambio climático. Con pesar debo decir que ninguno impulsado directamente por una agencia de Publicidad. En contraste el ambiente halla en WWF (World Wild Foundation) y en GREENPEACE sus más fervientes quijotes, que como hidalgos pelean contra un monstro de mil brazos y dos mil cabezas que parece alimentarse de la indolencia de los seres humanos.

Aquí en Colombia son contados los casos donde bajo el amparo de la muy popular “Responsabilidad Social Empresarial” algunas marcas exaltan en sus comunicaciones que el producto es amigable con el ambiente. Lo anterior tiene dos lecturas, una es que las marcas se valen de su supuesta responsabilidad para aumentar sus ventas. Otra es que simplemente y por cuenta de las regulaciones gubernamentales, sus procesos deben respetar los recursos, aspecto que las marcas convierten en una oportunidad para decirle al público lo buenas que son. Dos ópticas de alguien que ha estado en el ruedo y también en la barrera. Naturalmente nuestro buzón está abierto para que usted tenga el espacio pertinente para desmentirme o reafirmarme.

En suma, esto más que un diagnóstico debe ser una exhortación, un clamor verde (ojo, no se confunda con cierto movimiento político) a toda la comunidad publicitaria del país. No es suficiente con llevar las propuestas en formato digital para los clientes, no basta con darle la vuelta a la hoja y ponerla en la bandeja de “reciclado” de la impresora, no basta con mensajes fugaces y efímeros en un perfil de Facebook, no sirve de nada que en un grupo de una red social haya 300 mil inscritos apoyando el ambiente y protestando por el cambio climático, cuando de fondo no hay vías de hecho, sin ellas todo lo demás son sólo buenas intenciones y ya sabemos qué es lo que dicen de ese tema. Nosotros los publicistas (para empezar) debemos más que ponerle pañitos de agua tibia al problema, untarnos las manos de tierra y forjar un cambio cultural.






Los Planner deberían dejar de recomendar medios impresos, en las agencias podríamos eliminar los departamentos de producción gráfica y volverlos de producción eficiente o reutilizable, fomentar el uso de medios digitales y de portales que consuman menos energía, premiar la creatividad responsable ambientalmente, honrar esas campañas que no sólo desde su concepción estratégica aboguen por la naturaleza sino que desde sus procesos de difusión velen por ella, salir a marchar no sólo en contra de las farc o porque creamos que Chávez es un hijuetantas, salgamos a marchar por la vida, salgamos a plantar árboles, salgamos a chatarrizar los buses viejos que la Alcaldía por incompetencia o por indolencia no ha chatarrizado, impulsemos un ‘Día sin Carro’ sin carros de ninguna índole, aprobemos un referendo para castrar a los que provocan incendios y arrojan basura a los ríos, volvamos a la lectura, a la tertulia y a los días donde la luz era un estorbo para vivir. Por último démonos cuenta de que podemos pelear por fronteras, política, fútbol, amor, poder, religiones, dinero y mil cosas más, pero sin mundo, no va a ver con quién hacerlo.

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