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Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

viernes, enero 13, 2012

¡Qué indios!

Practicar el ‘Ayni’, incluir dentro de la rutina el ‘Ayllú’, ofrendar y tributar a la ‘Pachamama’.

Principios precolombinos que deben sonar ajenos y desconocidos para cualquier persona, pero que fundamentan significados simples que otrora fueron cimientos del imperio más poderoso de América del Sur. “Hoy por ti, mañana por mí”, “trabaja por el bien general” y “devuélvele a la Madre tierra algo de lo que te da”.

Ahora que estas frases no suenan tan “cholas”, frustra saber y conocer los detalles de la debacle de un imperio que se desarrolló bajo esas tres máximas y que hoy, ya extinto, exhibe rezagos culturales que la evocan en algún recorrido turístico a través de los Andes.

El lugar en algún momento se conoció como el Tahuantinsuyo (territorio ocupado por el Imperio Inca que comprendía territorios relativos al Sur de Colombia, pasando por Ecuador, principalmente por Perú y Bolivia, hasta gran parte de Chile y el Noroeste de Argentina). La instrucción empieza con una travesía casi imperdible por la ‘Montaña vieja’ o como se le conoce actualmente, Machu Picchu. Allí Romain, guía, peruano, cusqueño, mestizo y orgulloso, con un profuso conocimiento sobre los incas y enciclopédica fluidez ilustra al turista que ávido por obturar su Cybershot sobre cualquier detalle se distrae con la magnificencia del paisaje y se pierde todo lo que tenían, hacían y sabían los descendientes de Inca Roca el primero en ser llamado Inca -gobernador supremo, rey-. Los aportes que hicieron en todos los ámbitos fueron innumerables como útiles, su organización jerárquica era simple pero estructurada, sus creencias aunque sincréticas en varios sentidos con algunas religiones modernas, eran coherentes y llenas de instinto, su vida era en una palabra, equilibrada.



Hambruna o escasez fueron vocablos que nunca tuvieron referente, las evidencias apuntan a una constante superproducción de alimentos y modernas técnicas de conservación de los mismos. Fueron una cultura agrícola, desarrollaron los andenes, (terrados artificiales que servían para obtener y aprovechar diversos microclimas, el agua y el cultivo en las laderas andinas), los fertilizantes orgánicos y los sistemas hidráulicos de riego que fueron el punto de partida para muchos sistemas que se implementan actualmente. El tributo o la ofrenda jamás faltaron a la Pachamama, encargada de propiciar la fertilidad en los campos y soberana del Hurin Pacha o el mundo de los vivos.

El Valle Sagrado esconde sabiduría, El Camino del Inca demuestra convicción, Machu Picchu es energía y espiritualidad.

De regreso en Colombia, “la actual”, los aspectos son diametralmente opuestos y desoladores. 70% del país inundado, casi 2 millones de damnificados, pérdidas multimillonarias, cultivos arruinados, escasez de alimentos, deslizamientos, carreteras bloqueadas, desabastecimiento, muertos y miseria.

Las constantes e indiscriminadas lluvias han hecho del país una verdadera tragedia y todo atribuido a un pueril fenómeno (el de la niña). El gobierno se ha manifestado a través de los medios para clamar por la caridad de los no afectados, donaciones provienen de toda clase de organizaciones y empresas, sus intenciones me las reservo; grupos, post y twitts incitando a la ayuda “inundan” las redes sociales. ¡Cómo no, hay que colaborar!, pero desde este espacio prefiero la postura de prevenir para no lamentar. Este chaparrón pasará, el agua bajará, las casas y carreteras se volverán a construir, los mensajes en redes regresarán a la trivialidad, las donaciones y ayudas tendrán diferentes destinos, volveremos a abusar de la tierra transgrediendo sus principios, seguiremos dándole más valor al dinero que a la supervivencia, continuaremos siendo, o tratando de ser “desarrollados” ¡cueste lo que cueste!

Hoy, con palabras quiero pedir que volvamos a esas viejas costumbres, promovamos en todos los aspectos de nuestra vida tres sencillos principios: aprender y enseñar, buena moral y respeto a la madre tierra, ella estuvo aquí antes de que todo empezara y cuando todo acabe, ella permanecerá.

Trabajemos por los demás y por nuestra comunidad, ¡es nuestra! (Mita), demos la mano cuando alguien lo necesite, seguramente nos la darán cuando la necesitemos (Ayni), el trabajo en favor de los desafortunados no debe ser discrecional (Chunga), seamos más indios. Si lo hacemos, tal vez la próxima vez que alguien le diga “qué indio”, usted conteste Gracias.

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