Clientes de esta humilde tienda

¿y aquí quién atiende?

Mi foto
Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

viernes, enero 13, 2012

Rasguña las piedras


“Detrás de las paredes, que ayer te han levantado, te ruego que respires todavía…”.

Fragmentos sui generis de una canción creada por un grupo bautizado de la misma forma que suena mientras pienso en cómo hacer para que estas letras calen. Rasguñar las piedras describe de una forma introspectiva lo que se siente cuando hay que hablar a favor de un desprotegido.

Digámonos la verdad, todos nos preocupamos por el ambiente como nos preocupamos por el hambre en África, los desplazados, la carrera de Marbelle y el potasio en la leche… (!) Algunos (pocos) apagamos las luces que no se están utilizando, cerramos la llave mientras nos lavamos los dientes y compramos algunos productos “amigables”; es más, en ocasiones hemos “expuesto” la vida -literalmente- al decirle a algún gil de los que abundan por ahí y por allá, que no tire basura a la calle. Lo peor de todo es que por estas pequeñas “buenas obras”, ahora nos conocen como los “ambientalistas” del grupo o de la familia… -¡Usted cómo jode!- replican cuando preguntamos de manera inocente que por qué esa luz está encendida o por qué el televisor está prendido si no hay nadie viéndolo. Tan abstinente es la cultura climática de la mayoría de ciudadanos (por no decir habitantes), que esas pequeñas acciones en pro del planeta nos rotulan como los descendientes directos de Jacques Cousteau o Steve Irwin. Pero, ¿es nuestra preocupación consecuente con las cosas que hacemos por el ambiente? Usted y yo sabemos que no es así.

“Apoyo mis espaldas y espero que me abraces, atravesando el muro de mis días…”.

Casualmente asistí hace pocos días a una charla acerca de las crisis en las organizaciones. Una de las lecciones más valiosas de este foro, fue descubrir que es precisamente durante las crisis que los abanderados o los voceros de la organización deben hacer gala de su sapiencia y expertise para lograr desarrollar eficazmente planes de contingencia que solventen el conflicto. En ese orden de ideas, es imposible no hablar del peor desastre que ha vivido la humanidad y el cual estoy seguro es protagonista en muchos textos de esta edición.

El pasado 22 de abril, fecha que conmemora el día internacional de la tierra y el natalicio de mi esposa, (irónicamente) la plataforma petrolera Deepwater horizon explotó y dejó como saldo once personas desparecidas, dos muertos -en las labores de contención- y la medio bobadita de más de 60.000 barriles diarios de crudo que durante 55 días fueron a parar al océano.

Catastrófico a todas luces.

Revalidando lo de nuestra preocupación laxa y ajena, calcularé en litros esta cifra para que usted como yo, sienta pena. Repito estas letras nos tienen que hacer cambiar, ¡algo tiene que pasar!

Un barril de crudo estadounidense equivale a 158.987 litros, que multiplicando por 60 mil (barriles) y multiplicado por 55 días que estuvo sin contenerse el derrame, dan una cifra trágica o como diría un amigo “vulgar display of power”.

Sin puntos de unidades de mil, ni apóstrofos que indiquen el millón, el daño es irreversible.

Lea esto (si puede): 524657100000. Si no pudo le ayudo: quinientos veinticuatro mil seiscientos cincuenta y siete millones, cien mil litros de petróleo aproximadamente flotan en el mar destruyendo y acabando con todo lo parezca vida marina por cuenta de la avaricia y la dependencia desproporcionada de los seres humanos (lindo eufemismo para clasificar una especie que destruye su propio entorno) por el oro negro.

Funesto, Desastroso, Catastrófico…Otra lección del foro de crisis fue evitar palabras como esas, pues ante los medios suelen convertirse en armas de doble filo. Pero como yo no soy vocero de la BP no voy a poner en práctica esa lección. Nosotros somos los abanderados y representantes de este planeta por tanto debemos llamar a las cosas por su nombre y hacer lo que sea necesario para salvarlo o para que nos respondan por el daño… Y no hablo de dinero, ¿qué nos importa que multen a la multinacional culpable de esta desgracia?, A mí y a usted como voceros de esta empresa llamada LA TIERRA ¿para qué nos sirve que el mundo se llene dólares “indemnizados”? si en este momento hay más de 20 compañías haciendo lo mismo y manteniendo los riesgos potenciales que tuvo la plataforma que sí explotó.

Como inquilinos de este planeta que nos prestaron para vivir ¿qué vamos a hacer?

“Y rasguña las piedras, y rasguña las piedras, y rasguña las piedras hasta mí…”.

Yo soy Publicista y Docente Universitario y sé que desde mis actividades puedo ayudar a cambiar la cultura y a frenar esta indolencia generalizada, sé que usted desde su quehacer o su profesión también puede hacerlo, por eso lo exhorto a que cuando menos comience a apagar luces y a increpar a aquella señora que no recoge el papelito del dulce que se acabó de comer. No le dé pena ni pereza apagar la luz de un baño comunal o de la oficina de la empresa, cierre los grifos de orinales que arrojan agua sin contemplación cuando nadie está miccionando, sacrifique la estética de su casa y utilice bombillos ahorradores, compre productos ecológicamente amigables, valen lo mismo que aquellos que no lo son, ¡recicle!, no imprima, reenvíe; no maneje, camine; no queme basuras, clasifíquelas; no sigamos en las mismas, cambiemos.

Estamos en crisis y es ahora cuando el mundo necesita de sus abanderados y de sus voceros. A los que esto les vale “huevo” no descansan, nosotros, a los que sí nos duele, tampoco podemos hacerlo.

Ojalá estas palabras calen y se conviertan en acciones, de lo contrario puede ser que la próxima letra que escuchemos sea la de Canción para mi muerte.


No hay comentarios.: