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Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

sábado, febrero 18, 2012

Colombia sí que tiene talento


La semiótica per se, siempre ha sido un estudio que no goza de gran aceptación, no porque sea un campo de conocimiento aburrido ni mucho menos, es porque como data de viejas épocas, su terminología luce incomprensible y su discursiva un verdadero ‘ladrillo’. En todo caso, si alguna vez se cruza con esta ciencia y tiene la oportunidad de entenderla y comprenderla a través de los ojos de un buen docente, encontrará las inmensas verdades que se esconden en los signos que actúan en el seno de la vida social.

De mis lejanos estudios, recuerdo haber leído una conclusión que hoy merece ser traída a colación para darle credibilidad a esta entrada y justificación al título que lo encabeza: “un fiel medidor del nivel cultural de una sociedad es lo que vemos en sus medios de comunicación”.

Bajo esta premisa, no mía sino de los estudiosos de la semiótica, hice el ejercicio de aplicar esa máxima a una realidad más criolla para así comprobar,  con pesar, que Colombia y su nivel de cultura deja mucho que desear.

Empecé por inquirir cuál es el promedio de lectura en el país de ‘La Capital Mundial del Libro’, el resultado no fue más que penoso: 1,6 libros por habitante al año (Cámara colombiana de libro). Algunos celebrarían que antes estábamos en 0,9.

Después consulté cuáles son las revistas más leídas, el corolario no fue alentador: en primer lugar: Tv & Novelas, en segundo lugar: 15 minutos. Ambas, publicaciones que escudriñan detalles de la vida de los actores, modelos y presentadores de la farándula criolla. Hasta ahí, mi fe en la humanidad –chibcha- se iba desmoronando paulatinamente. Con tristeza pude ir esbozando el motivo de nuestra decadente y nada profunda sociedad.

Sin embargo, aún no me rendía, busqué en la televisión un índice que me convenciera de que Colombia, como muchos aseguran, sí es una meca cultural. Así fue como llegué a los 43 puntos de rating de ‘Colombia tiene talento’, transmitido por RCN, todos los días y en horario prime. Una adaptación del reality gringo ‘America’s Got Talent’. / Como dice Andrés López, ¡deje así!

Puede ser (aunque lo dudo) que usted no lo haya visto, por eso le cuento que el programa consiste en poner en competencia a todos los participantes –muchos, demasiados para mi gusto- que consideran que tienen un talento digno de entretener y de hacerlos merecedores de un premio nada despreciable de 500 millones de pesos. Dicha muestra se da en un escenario donde reciben con extrema subordinación, insultos, burlas y en pocos casos, elogios.

Naturalmente, quien aprueba o no, si el talento es merecedor de la siguiente ronda o del dinero, es un panel de “jurados”, que en mi concepto, deberían ser destacados artistas o talentosas figuras públicas.

Pues bien, ni el jurado (integrado por una exreina, una exlocutora radial que hoy hace las veces de remedo de comediante y un actor, que parece destacarse más por su “galantería” que por su talento actoral) ni los participantes ofrecen un verdadero espectáculo, salvo contadas excepciones, el programa expone lo varado que anda el vulgo y la perentoria necesidad de ganar plata haciendo el menor esfuerzo. Efecto: DMG.



Después de este panorama tan desolador, los balances son concluyentes: poco o nulo nivel cultural y poco o nulo talento histriónico, porque si algo podemos decir es que sí tenemos talento, tal vez no de ese que se exalta bajo los reflectores, las cámaras o los públicos numerosos, pero sí de uno muy convencional, muy colombiano… Veamos.

Colombia tiene talento para exportar sustancias ilícitas utilizando medios insospechados. En repetidas ocasiones hemos visto toneladas de coca metidos en panes, papas, en pintura de cerámicas, disueltas en solución salina, hasta en la barriga de algunos compatriotas.

Colombia tiene talento para olvidar en cuestión de segundos (lo que demora pasar de una sección a otra en el noticiero) masacres, secuestros, atentados, muertos y robos.

Colombia tiene talento para “chiviar” lo que sea. Recuerdo que cuando iba a empezar a circular el euro como moneda única de la Unión Europea, en Cali encontraron una fábrica de euros que ya llevaba 8 millones producidos (y de la mejor calidad).

Colombia tiene talento para hacer que la mitad de su población sobreviva con el salario mínimo.

Colombia tiene talento para permitir que los dirigentes monten en “carruseles” pensionales, de contratación y de salud.

Colombia tiene talento para producir petróleo en ingentes cantidades y callar cuando le cobran la gasolina al precio internacional.

Colombia tiene talento para patrocinar la ignorancia a punta de novelones y culebrones venezolanos donde la pobre siempre termina casándose con el rico o viceversa.

Colombia tiene talento para increpar a cuanto político atrapan haciendo algún fraude, pero reserva sus juicios cuando se trata de aplicar lo que mal llamamos “malicia indígena” o el popular "cvy".

Colombia tiene talento para hacer paros huelgas y sabotajes con el fin de satisfacer intereses gremiales o particulares.

Colombia tiene talento para utilizar cualquier ser vivo o inerte como mecanismo para transportar material explosivo: burro bomba, gallina bomba, collar bomba, carro bomba, perro bomba… Hasta un libro bomba fue el verdugo de tres dedos del hoy, Ministro del Interior.

Colombia tiene talento para aceptar con resignación cómo pseudovoceros de paz -esa anhelada paz- se valen del dolor de las familias para hacer y pedir beneficios a cambio de una libertad que jamás debió ser coartada.

Colombia tiene talento para vender insumos no renovables a precios ridículos, para después comprar productos terminados, hechos con esos insumos, a precios ridículamente altos.

Mejor dicho, tenemos un talento especial para muchas cosas, pero nuestro verdadero y único talento diferenciador como colombianos es la capacidad inacabable de autosabotaje. Ojalá en el futuro no tengamos tanto talento y seamos mejores en cantar, bailar, hacer malabares y acrobacias sobre un tablado para entretener al público televidente.

Lo siento Colombia, pero por ahora, para mí ¡es un no!

1 comentario:

Edward Alarcón dijo...

...Muy bacano, es como un puño en la cara para todas las estrellitas de la farsándula colombiana que se enorgullecen de ese rating tan alto sin saber el contraproducente y autodestructivo efecto cultural de aquél contenido que producen... Y como una cachetada que busca despertar a todos los inocentes borregos que digieren ese contenido sin saber que están siendo controlados y acabados poco a poco por el fenómeno del Gran Hermano.