Clientes de esta humilde tienda

¿y aquí quién atiende?

Mi foto
Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

martes, mayo 22, 2012

La bodega de las ideas

Desde que empecé en este apasionante mundo (o inmundillo) de la publicidad y el mercadeo, me he preguntado: ¿por qué no somos una potencia creativa de talla mundial? Entendiendo que la creatividad se nutre de insights y realidades obvias que identifican a un gran número de personas, no me explico por qué teniendo el privilegio de vivir en este circo llamado Colombia, donde todo pasa, aún estamos subordinados a países como Argentina, Brasil, Estados Unidos, México, etc.

Solo aquí pasan unas cosas que en ningún otro lugar del mundo acontecen:

Solo aquí le dan más relevancia a un ser imaginario traído a colación producto de la ignorancia de una cantante (Ublime), que a temas de continental importancia.

Solo aquí la gente se pronuncia en contra de los actos terroristas con marchas y arengas de indignación que retumban el cielo capitalino, para al otro día (y solo se ve en Colombia) elegir un alcalde con pasado terrorista y aplaudir leyes que indultan los crímenes de lesa humanidad... (Con algo llamado irónicamente: Marco jurídico para la paz).

Solo aquí, un país sumido en la pobreza y liderando los índices mundiales de desigualdad social, se tiene el coraje de hacer una cumbre de 34 o 96 millones de dólares -no sabemos al fin cuánto fue-, donde la única protagonista fue una prostituta a quien el Servicio Secreto no le quiso pagar sus honorarios. (Hay que ver si de pronto los gringos estaban pidiendo garantía).

Solo aquí pagamos a tarifas de 100 mil millones de pesos para arriba, estudio del estudio del estudio de diversos medios de transporte, los cuales solo se materializan en la mente de nuestros divergentes gobernantes.

Solo aquí sometemos al criterio de un "salomónico" tribunal internacional, la soberanía de territorios que desde siempre fueron nuestros, todo bajo la consigna de no agraviar a los mandatarios vecinos.

Solo aquí presenciamos atentados terroristas y luego, medios de comunicación, que sin un poquito de vergüenza, argumentan que todo fue parte de un intento de suicidio por parte de la persona contra la cual iba el atentado en primer lugar. 

Solo aquí matamos y nos hacemos matar por una camiseta de fútbol, un "chiro" o un "trapo". (Léase: bandera y telón referente a un equipo de fútbol).

Solo aquí le ofrecemos de regalo un burro al Presidente de los Estados Unidos.

Solo aquí marchamos por dos razones: porque sí y porque no.

Solo aquí tenemos el mayor número de cuentas de Facebook del continente.

Solo aquí, presidentes y expresidentes se pelean por Twitter. Cada 10 minutos: trinazo que viene, trinazo que va... 

Solo aquí lloramos la muerte de 11 diputados, para después enterarnos que uno de ellos fue quien fraguó el deceso de sus pares.

Solo aquí vemos mensajes televisivos donde nos dicen que los héroes en Colombia sí existen, pero callamos cuando el vecino del país 'Chamo' resguarda a sus victimarios.

Solo aquí lloramos con la eliminación de un imitador cantante en un reality televisivo, pero cambiamos el canal cuando un desplazado por la violencia aparece en busca de ayuda.

Solo aquí somos capaces de insultarnos por la diferencia existente al otro lado del océano entre madrilistas y barcelonistas.

Solo aquí uno escucha a simpatizantes de Huila, Pasto, Medellín, Patriotas... Cantando con acento argentino. "Cho te sigo, porque vos sos mi pasión, rompé los güevos...". 

Solo aquí un estudiante se va de rumba y aparece, como dice el dicho, "en una zanja con la jeta llena de moscas".

Solo aquí, y con la salvedad de tener más de 50.000 votos, usted puede manejar su carro en estado de embriaguez, amenazar a los policías que lo irrespeten haciéndole la prueba de alcoholemia (a la cual usted se puede negar) y seguir campante en su curul del Senado.

Solo aquí, con los hechos del día, tenemos campañas memorables y dignas merecedoras de cualquier premio internacional de creatividad... La primera que haría, sería la de la marca país. Después de todo esto, Colombia no es pasión, Colombia es un circo.









1 comentario:

Victor Amaya dijo...

Acertada su visión, pero somos el país del Divino Niño, y nos hemos acostumbrado a seguir consumiendo día tras día la indignación, por esto mismo somos el segundo país más feliz del mundo y por una sencilla razón nuestro país nos importa cinco.