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Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

domingo, enero 13, 2013

Yo firmo porque...

Hablar de desórdenes psicológicos es algo muy común dentro de nuestra idiosincracia. Hablamos con propiedad, diagnosticamos con frecuencia y sin una precisión sobre el significado científico de palabras tales como esquizofrenia, fobia, aversión, obsesión, neurosis, psicosis; el colombiano promedio tiene un delirio freudiano algo risible.

Teniendo esto en cuenta, yo me excusaba para demostrar por qué creo que no sufro ni de fobia, ni de obsesión, ni de psicosis, como muchos aseveran, por ese pícaro que hoy los bogotanos tenemos que llamar "alcalde": Gustavo Petro Urrego.

Es cierto que mi cuenta de Twitter (@donnyrossoff) desde el ávatar ya supone una posición, sumemos el 75% de los tuits que tienen que ver con el exguerrillero, los post de mi Facebook Page que adquieren con cierta regularidad una monotemática estructura (que entre otras cosas, ya aburre a mis amigos) y mis escenarios de interactividad humana que siempre, y casi inconscientemente, se enfilan hacia la política distrital. Ni qué decir de mi grado de tolerancia, que rara vez admite contradicciones, las cuales indefectiblemente actúan en menoscabo de mi humor y de cualquier persona dueña de una opinión no coincidente... Aún así, creía que mi comportamiento era normal y similar al de cualquiera a quien los asuntos públicos le apasionaran.

Todo perfecto hasta ayer. Estaba en una fiesta de cumpleaños y me pareció un buen momento para recoger firmas para revocar de la alcaldía a Petro (una iniciativa del concejal Miguel Gómez Martínez que pretende remover del cargo al ornato que ocupa el Palacio de Liévano y convocar nuevamente a elecciones). Yo, como un idealista setentero, me puse a la tarea de juntar las rúbricas y con palabras simples, argumenté que todos debíamos firmar porque Petro ha evidenciado, tras muchas decisiones erradas, su incapacidad para fungir como burgomaestre de la Capital de los colombianos. Hasta ahí, ¡normal! Todo bien, todo risas, hasta que me topé con un asistente al ágape que no quiso firmar. Su respuesta fue algo como "yo no voté por él, no voy a firmar para tumbarlo". En ese momento sentí lo que deben sertir los esquizofrénicos cuando aseguran ver cosas que realmente no están pasando... Mi expresión cambió, el ceño se frunció, mi cara se enrojeció y mientras hacía un ingente esfuerzo por regular el tono de mi voz y el calibre de mis palabras, me propuse explicar al apático invitado todas las tesis políticas, económicas y sociales por las cuales nadie debería negarse a firmar. El sujeto me escuchaba mientras sus ojos somnolientos seguían expresando su total apatía. Cuando la diplomacia, el sentido común y los paliativos verbales fallaron, opté por no insistir más. Sin embargo hasta ahí llegó mi diversión, empecé a observar al sujeto desde lejos en un intento fútil de descifrar qué clase de persona puede negarse a salvar la ciudad donde vive, le deseé lo peor, me llené de odio y en medio del crapulente sentimiento caí en cuenta que de pronto sí tengo una obsesión con este tema. Por eso escribo esta entrada, para que ustedes me digan si soy yo el que alucina o de verdad existe gente proclive y adicta al maltrato.

Yo firmo porque no tiene experiencia en la administración de nada. Como bien lo expresó en un debate Enrique Peñalosa: Petro no ha administrado ni un parqueadero, es imposible que pueda guiar la ciudad más importante del país. Además, su experiencia como Senador se limitó a denunciar felonías con pruebas utópicas que siempre decía no presentar para proteger a sus fuentes (?). En el M-19 se dedicaba a cobrar las extorsiones del extinto grupo terrorista y a traficar armas, delito por el cual estuvo preso en 1985.

Yo firmo porque después del proceso de paz de 1990 y del indulto (en mi idioma: impunidad), su vida política tuvo morada en partidos de izquierda, entre ellos, el Polo Democrático que bien sea dicho, es el mismo partido de Samuel Moreno Rojas (alcalde antecesor quien hoy está preso por el escándalo del 'Carrusel de la contratación') y que en su momento encontró en Gustavo Petro su más fuerte aliado político. Solo cuando ya la maraña del desfalco a la ciudad se preveía, Petro expuso su audacia política y se hizo expulsar del partido, se autoproclamó enemigo público de Rojas y de todos los intervinientes en el carrusel, ganando con esto favores políticos y convenciendo a los 'idiotas útiles' de que el progresismo era una renovada fuerza política, transparente e incluyente... ¡Qué audacia, qué peligro!

Yo firmo porque nada, absolutamente nada de lo que prometió en campaña en materia de movilidad lo ha cumplido. Su limitada capacidad administrativa es tan exigua como la de sus antecesores para quienes el tema movilidad solo tiene un sinónimo: pico y placa. Las calles siguen destruidas y tienen el mismo aspecto que las de Bagdad. Dio inicio a un improvisado Sistema Integrado de Transporte, con el único fin de que quedara en su palmarés. Sin embargo, la escasez en buses y rutas, asemeja el proceso a poner a un sietemesino a que suba Monserrate a pie. Tampoco ha sido capaz de sacar los vehículos de tracción animal de las vías bogotanas, aun cuando la Corte Constitucional ya falló en contra de las conocidas "zorras". Medellín ya lleva tres meses sin ellas, Petro seguramente está pensando en la forma de usar a esta población como un pretexto más y para "venderse" como el salvador de los desvalidos, así ganará más favores electorales y seguirá polarizando la ciudad con su ya recurrente: ricos vs pobres. 

Hace poco el metro de Londres cumplió 150 años y en Bogotá cumplimos con 50 años de estudios acerca de dónde se va a hacer y cuánto va a costar. En los últimos 2 lustros (todos con gobiernos de izquierda) en Bogotá se han "invertido" la medio bicoca de 80.000 millones de pesos y aún no se sabe nada de esto, ¡nada! Incluso Petro ha contemplado la idea de devolvernos al tranvía, que por si no lo sabían, ya rodó, hace varias décadas, por las calles de la ciudad.

Por otra parte, debemos hacerle duelo a 130.000 millones de pesos que esta administración dejó perder por cuenta de la licitación que expiró y que pretendía llevar el Transmilenio hasta el aeropuerto ElDorado. Sumémosle la "petrada # 2" que fue lo de la construcción de la ALO (avenida longitudinal de Occidente), vía que según él, iba a pasar por el frente de la casa de los más pobres (casualmente las localidades más populosas y donde se concentra la mayor cantidad de votos), pues ni lo uno ni lo otro, cambió los trazados, se gastó otra cantidad absurda de plata satisfaciendo sus caprichos y cuando fue evidente la estupidez de su "propuesta", el proyecto se volvió a archivar y esa platica...

Yo firmo porque las pocas cosas que ha hecho las ha realizado buscando el favor de los votos. Eliminó las corridas de toros en Bogotá, cosa que enamoró a los antitaurinos y a los defensores a ultranza de los derechos de los animales, sin embargo no vi a nadie llorando por los cerca de 1800 empleos directos e indirectos que subsistían gracias a esta práctica. ¡Enhorabuena por los semovientes!, pero a la gente sí le hicieron "ole" con su sustento.

Regaló el agua con su "mínimo vital", era de esperarse que los beneficiados (de nuevo sectores populares) quienes no se caracterizan por su consciencia ambiental, lo ungieran como el nuevo mesías al ver su factura reducirse en un gran porcentaje. No importó la crisis que sufre la Capital por el precioso líquido, aquí lo que importa es que en la lucha entre ricos y pobres, estos últimos piensen que Gustavo Petro es una especie de William Wallace.

Yo firmo porque desde que tengo uso de razón, he sido testigo y hasta víctima del problema que suponen las drogas en nuestra sociedad. El microtráfico aumenta el consumo, el consumo aumenta la inseguridad, multiplica el desempleo y le resta oportunidades a los más jóvenes. Para justificar un inocuo viaje que hizo a Europa con nuestros impuestos, Petro decidió que lo más sano era crear unos centros de consumo de drogas, donde suministrándole a los adictos algunos sustitutos, se les ayude a abandonar su dependencia. En el papel no suena estúpido, pero Bogotá no es Holanda, no es Irlanda, no es Europa… La gente y la base del problema no tiene punto de comparación, esto no es más que otra escaramuza de la improvisación de alguien perdido en un cargo del cual no tiene el más mínimo dominio ni conocimiento. 

Yo firmo porque en su afán de ganar algo con el tema de la recolección de basuras (aunque sus seguidores dicen que fue para ahorrarle mucho dinero a la ciudad), se inventó una empresa que solo ha sido la efigie del fracaso (Aguas Bogotá), contrató recicladores informales y arrendó unas volquetas completamente insalubres para quitarle el negocio a los operadores privados a quienes tildó de paramilitares. Lo irónico del asunto, es que después de tres días de mares de basura en las calles, ratas y chulos, le tocó volver con el 'rabo entre las piernas' a pedirle a esos operadores, que había sacado de la “torta”, que le salvaran la patria. Ahora está despidiendo a más de 1000 personas que contrató con Aguas Capital, las cuales, al volver al antiguo acuerdo con los operadores privados, se volvieron innecesarias y de paso, desempleadas. 

La cereza del ponqué fueron unos camiones compactadores que se le ocurrió arrendar y cuyo estado no es menos que una burla a los ciudadanos. Incluso, el periódico El Espectador expone el posible detrimento patrimonial (y el súper torcido), pues todo indica que a través de esta empresa, Petro compró por internet dichos armatostes y los ingresó con un valor muy superior al declarado a la nación. (Uno de los camiones estaba subastado por 200 dólares y en el certificado de importación figura como si a Bogotá le hubiera costado 32.000 dólares) Vea el artículo del Espectador

Si sigo enumerando razones por las cuales firmaría la revocatoria, creo que Petro cumpliría su período y yo no habría terminado. Ahora, juzguen ustedes si de verdad estoy sufriendo algún tipo de trastorno obsesivo por salvar la ciudad o simplemente existe coherencia en creer en algo y tratar de ir más allá de la simple quejadera desde un teclado o de un perfil en una red social para lograrlo. Somos "gavilleros", alzados y pelietas, pero cuando se trata de movilizarse pensando en el interés general, prima la pereza particular.

Saquemos a Petro del cargo y si el que sigue tampoco sirve, saquémoslo también. Esto no es de derechas o izquierdas, no es de pobres contra ricos... Se trata de que los servidores públicos deben servir al público, si no lo hacen, nadie nos obliga a soportarlos y a pagar por ello. 

¿Firmamos?


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