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Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

martes, febrero 18, 2014

una copa de letras por los conductores borrachos

"Ayyy no se vaya, tómese uno y ya", "una cerveza no le hace daño", "eso ahorita no hay retenes", "voy aquí no más", "yo estoy bien""solo me tomé una",... Si usted no ha dicho una de estas frases o no se las ha dicho a alguien más por lo menos una vez ¡indígnese y no lea más este texto! Está claro que es usted perteneciente a ese insólito grupo de colombianos que no parece colombiano -de hecho lo felicito por eso. Si no es así, y como yo, sí lo ha dicho o se lo ha dicho a otra persona, siga leyendo y descubra por qué esta entrada le demostrará que somos una sociedad timorata (morronga) y que ese odio y aversión que le producen los conductores ebrios no debe sobrepasar el que debemos profesar por terroristas, hampa citadina, congresistas corruptos, funcionarios ineptos, etc.

Empecemos por el principio. En Colombia desde siempre se ha identificado como parte de nuestra idiosincracia conducir vehículos bajo los efectos del licor -o eso parece, dada la atarbanería de los conductores y las alarmantes cifras-. Esta aciaga costumbre hasta hace poco era tan colombiana como la changua o como decirle "vecino" a cualquier tendero. De hecho, si usted siguió leyendo es porque en algún momento de su vida lo ha hecho o ha sido anuente con alguien que ha cometido esta felonía. Lo curioso del asunto es que de un tiempo para acá este comportamiento se volvió tan grave como robarse el presupuesto de una ciudad o cometer actos de narcoterrorismo en contra de la población civil. Cada fin de semana vemos a los presentadores de noticias frunciendo el ceño de manera acusadora después de reportar el número de conductores borrachos sorprendidos por las autoridades, sin embargo la misma expresión de indignación noticiosa no se ve cuando "en favor de la paz" reportan como un acto anodino una masacre, un secuestro, un bombazo o cualquier acto de violencia de los que otrora vacacionaban en la selva venezolana y hoy por hoy, con el apoyo de este gobierno, gozan del canicular Sol cubano.

¿Y por qué una apología de los llamados "asesinos del volante"?

Ante todo no se trata de decir que manejar bajo los efectos de una droga psicoactiva como el alcohol no es grave. Sin duda los estudios que dicen que los accidentes de tránsito son la tercera causa de muertes en el mundo, no mienten. Y aunque no todos los siniestros están relacionados con el licor, este factor sí convierte al vehículo (carro, moto, bicicleta, bus) en un arma peligrosísima. Se trata de entender que en nuestro país hay personas que cometen con dolo (intención) los crímenes más horrendos a diario y ni por eso se hacen merecedores del desprecio nacional que sí le damos a un jovencito que estrella el carro de su papá después de tomarse unos tequilas. No sé, creo que es más despreciable aquel que recluta niños para luego obligarlos a descuartizar cuerpos o ese que es capaz de pegarle a una señora un collar bomba y luego de una larga agonía detonarlo, que una persona que comete un acto de imponderable irresponsabilidad (conducir bajo los efectos del licor). Es más, si lo pensamos bien, potencialmente todos hemos estado expuestos a causar un accidente o a vernos envueltos en uno por cuenta de ese censurable comportamiento, pero nunca hemos tenido la idea de matar a alguien deliberadamente... ¡Eso sí es de enfermos!

Ahora con la ley que condena a los conductores y endurece las penas a nivel económico y disciplinario, los índices de conductores borrachos han descendido en un 83% (según Mintransporte) lo cual es muy satisfactorio, aun cuando no han faltado los borrachos que siguen apostando 28 millones de pesos a su irresponsabilidad. Si me preguntan, creo que aún se puede ser más taxativo con los ebrios tras el volante, estoy perpetuamente convencido de que si a las ingentes multas le arriman cárcel, no solo bajarán todavía más los índices sino que de pronto desaparecerán en un porcentaje casi absoluto los borrachines que siguen tentando la suerte y la billetera. 

La reflexión es: logramos controlar un problema de salud pública grave con tal solo cambiar la ley, ¿será útil y necesario no premiar con curules y alcaldías a los que usan la violencia como forma de vida, sino aumentar las penas y volverlas equivalentes al daño que ocasionan? Yo creo que sí, pero como sé que no va a pasar (por lo menos no durante esta enmermelada legislatura) prefiero seguir haciendo estas inocuas apologías a los borrachos, pues aunque digan lo que digan, sé que más de uno ha cometido la terrible imprudencia de conducir bajo los efectos del licor, pero ninguno (de los que leerá esto) ha pensado que la forma de hacer parte de un estado es vulnerando los derechos de sus mismos integrantes.

Estas letras son consecuencia de la enfermedad de esta sociedad... Nos regodeamos por crucificar al niño Salamanca (que mató a dos personas y dejó lisiado a un taxista) por darle su merecido, pero nos "hacemos los de las gafas" a sabiendas que en poco tiempo tendremos legislando y recibiendo salario de congresista al secretariado de las farc, integrado por los peores asesinos de los que se ha tenido noticia...

¡Salud por ser como somos!


Notas varias: 

9000 delincuentes salieron de la cárcel a vivir, con el patrocinio de nuestro estado, en su casita (dizque para evitar el hacinamiento)... Lo anterior suponiendo que se van a quedar en la casa haciendo oficio.

Proponen un vagón o un articulado rosa, para que en él viajen las mujeres. Naturalmente, la miope medida supone que los "violadores" viajemos en el rojo. Supongo que mañana cuando toquen a un integrante de la comunidad LGBTI nuestros geniales dirigentes propondrán un articulado naranja o floripepiado.

Se vinieron dos situaciones de interceptaciones ilegales (chuzadas). La primera en un restaurante en Galerías donde presuntamente debajo de la cocina, donde a los comensales le cambiaban la ensalada por huevo, interceptaban las comunicaciones de los negociadores de paz en La Habana. La segunda por cuenta de la Revista Semana que sacó a la luz pública unas conversaciones de los altos mandos militares y en donde, presuntamente, los militares hablan sobre los "chancucos" que vienen haciendo con los 27 billones de pesos que representa el gasto militar de la nación. Al cierre de esta edición (!) el Comandante de las FF.MM., entre sollozos, renunció a su cargo y adujo razones políticas... Santos, con la firmeza que lo caracteriza, le dijo: arrivederchi.

Venezuela arde en estos momentos. Los estudiantes y la oposición al régimen chavista, llevan una semana protestando y poniéndole el pecho con enjundia a la respuesta oficialista, que no solo se vale de palabras y encarcelamientos, sino también de ejecuciones extrajudiciales perpetradas por los 'Tupamaros' (grupo armado extremista de chavistas que van disparando ley a diestra y siniestra).

Bogotá sigue igual, acabada, insegura, inmóvil, cochina y colapsada, todo porque Petro sigue sentado en Liévano, esperando que cualquier leguleyada lo salve de su destitución, gastándose, con el descaro que lo caracteriza, el erario bogotano en la campaña que promueve el voto "no" en el proceso de revocatoria. ¡Qué cosas! Hasta este mandato yo creía que de verdad no había mal que durara cien años ni cuerpo que lo resistiera, pero vea que no, el dictadorzuelo capitalino resultó un secular castigo que estamos condenados a soportar.

Eso les cuento...

  




2 comentarios:

Juan Fernando Amaya Gelis dijo...

Excelente Felicitaciones buen articulo..!

Juan Fernando Amaya Gelis dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.