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Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

viernes, mayo 15, 2015

Se dice "INDIGNACIÓN" y se pronuncia "COLOMBIA"

La envidia, uno de los siete pecados capitales y culpable de muchos de los acontecimientos y comportamientos más inhumanos de la humanidad. 

Hoy se apodera de mí en forma de indignación. Me siento asqueado y envidioso. Asqueado con el destino que sin contemplaciones me "tiró" en Colombia, este país de mierda. Yo no pedía Suiza o Islandia, ni siquiera aspiraba a Estados Unidos, pero caer en el país más corrupto del mundo, más cruel del mundo, mas desigual del mundo, más injusto del mundo, a lo bien que emputa y mucho. ¿A mí de qué me sirve tener las mejores playas y paisajes, si no puedo ir a verlas?, ¿de qué carajos me sirve uno de los himnos más bonitos del mundo si me da pena mostrar el pasaporte?, ¿de qué me sirve ser honesto en un país de ratas y donde prima la prédica "el vivo vive del bobo"?, ¿de qué me sirvió matarme estudiando y matarme enseñando, si aquí los que ocupan los cargos más importantes a nivel estatal son cruentos asesinos, ladrones confesos, guerrilleros, violadores o narcotraficantes?

"Pues lárguese", dirán algunos. Créanme, lo he intentado, pero como más o menos dijo uno de los ídolos de Colombia, Pablo Escobar,... Prefiero morir aquí a "autoextraditarme" como indocumentado en el primer mundo. Además ¿por qué me tengo que ir yo?, he estudiado (y pagado con mi plata por esos estudios), pago mis impuestos, no me robo ni una ñapa, tengo una empresa, soy profesor y apoyo varias causas sociales... Que se larguen esos mamertos pestilentes para quienes la culpa de todo la tenemos los "oligarcas" que sí trabajamos. Esos que como premisa de vida utilizan "deme que soy pobre" y "la culpa de todo la tienen los gringos". Esas rémoras que compran todo al menudeo (por debajo de cuerda) para no pagar impuestos (impuestos que pagan el dinero de los programas sociales que los benefician), que se colan, que roban, que hacen trampa, que sueñan con una miseria igualitaria, que critican la corrupción y son esclavos de ella, esos que hundidos en la crapulencia de la degradación social, botan su escasa moral por un concierto, un tamal o un plato de lechona.

"¿Pero qué me le hicieron?" - me preguntan. Pues que por si fuera poco con ese proceso de "paz" (que no es otra forma de volver auténtico el negocio del narcoterrorismo y de comprarle el premio Nobel a Juan Manuel Santos), los soldados masacrados, la pierna de uno expuesta cual cartelera en un colegio, los burros, libros y collares bombas, los secuestros, los niños obligados a descuartizar poblaciones enteras, Petro, Samuel, Clara, Hollman, el Polo, el progresismo, Chávez, Maduro, Ortega, los ladrones, la incertidumbre, el miedo con el que vivimos, los policías corruptos, los taxistas, las barras bravas,... Ahora resulta que Timochenko (el jefe supremo de las farc y uno de los peores asesinos de la historia), es tan inocente como usted y como yo. Mejor dicho, gracias a otro esbirro de esa mafia llamada farc, Timoleón Jiménez, es un individuo que no representa mayor peligro para la sociedad... Y pensándolo bien, es cierto. Una sociedad gobernada por hampones, administrada por hampones y cuidada por hampones, no ve en el susodicho matón, mayor peligro... El peligro somos nosotros, los que de colombianos solo tenemos la mala fortuna, de haber sido abandonados por el destino o por una entidad divina, aquí, en el país del sagrado corazón de Jesús. 

Perdón el madrazo, pero ¡Qué indignación tan hijueputa!


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