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Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

jueves, julio 30, 2015

Leones en cautiverio

El mundo todavía llora acongojado por la triste noticia de la muerte de 'Cecil', el león más emblemático de Zimbabue quien fuera durante 10 años la atracción principal del parque natural de Hwange. Lo cazó un dentista estadounidense y esto ha suscitado todo tipo de reacciones en redes sociales. Yo solo creo que no se puede esperar más de una persona que combina la odontología con la caza furtiva.

En honor al yerto 'Cecil' quiero hacer una apología de los leones que también perecieron y que jamás abandonaron el cautiverio de la publicidad. 

Empecemos por decir que la más reciente edición del festival de Cannes, dejó varios sinsabores en cuanto a la dinámica que ha tomado el certamen. En lo referente a esas ideas que explícitamente se hacen para cazar la felina estatuilla, gurús y personalidades de la creatividad mundial no se callaron nada. Objetaron los truchos desarrollados paralelamente al tráfico normal de las grandes agencias, así como los reencauches de otras ideas previamente galardonadas en Cannes y que este año también fueron reconocidas en el evento francés.

Sin embargo y coincidiendo con la opinión de muchos de ellos, el espíritu del león caído me hace pensar en esas ideas que se quedan encerradas en el calabozo de un power point o en el balance del contador de la agencia que dijo: “no”.

He trabajado en agencias de todas las tallas, empezando por redes de ingentes tamaños, cuentas y oficinas, pasando por agencias locales/medianas y terminando en unas tan pequeñas como mi habitación. Ahora bien, ni siquiera haciendo parte de una red multinacional, tuve la oportunidad de enviar mis trabajos al evento más importante de la creatividad mundial (según muchos). Las inscripciones, al dueño de la agencia (quien priorizaba la efectividad de los mensajes y no su aceptación en el gremio), le parecían exorbitantes e inocuas. Los clientes ni siquiera sabían que existían este tipo de encuentros y para la época, aún había cosas más importantes que la representación del país y el número de piezas inscritas por parte de la red (diferente a ahora, cuya sedienta fiebre de metales, hace que hasta se empeñen el Xbox y la mesa de ping-pong de la agencia, con tal de cubrir la cuota de inscripciones). 

De cualquier forma y dejando de lado que Cannes es una entidad con ánimo de mucho lucro, si el tema es solo la creatividad y nada más que la creatividad, entonces las inscripciones deberían ser gratuitas o cuando menos asequibles para las agencias de menor músculo financiero, pero sí mucha fibra creativa.

El filtro debería depender de otros factores menos pecuniarios y más relacionados con el quehacer del oficio. Por ejemplo: la universalidad del mensaje, el nivel de efectividad de las ideas, el grado de originalidad de las mismas, la optimización del presupuesto, la versatilidad conceptual aplicada a diferentes plataformas mediáticas, el impacto social y el retorno de la inversión, entre muchos otros.

No pienso hablar de las piezas que cazaron un león y que hoy por hoy adornan los anaqueles de los CEO y el ego de los creativos. Solo quiero hacer un réquiem por esas fieras dormidas, que abúlicas descansan en el fondo de los cajones, en la memoria de los medios locales o en el book de algún creativo que mira hacia las grandes redes publicitarias como si fuera un Elysium.

Solo quiero exhortar desde estas letras a los organizadores de Cannes a que liberen a esas ideas dormidas que tienen todo el potencial para transformarse en grandes e indomables leones de oro, para que como en la selva, solo las ideas más bravías sobrevivan.

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