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Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

sábado, noviembre 14, 2015

5 razones por las que no me gustan las arañas homosexuales

Parálisis temporal, sudor frío, repulsión, náusea y un poseso temor que llega hasta el más recóndito lugar del cuerpo. Una araña me está caminando por el brazo y aunque no es de considerable tamaño, mi mente amplifica su proporción y creo que es una quimera que sigilosa amenaza con quitarme la vida de manera fulminante.

-Ya sé que una arañita citadina no puede causar ese daño, pero pues les tengo fobia, ¡qué puedo hacer!

En estos días se debate (por ser sutil digo: "se debate") el tema de la adopción igualitaria en Colombia, a partir de un fallo de la Corte Constitucional que concedió a las parejas conformadas por personas del mismo sexo, la posibilidad de adoptar menores. Las reacciones no se han hecho esperar y nuevamente las redes sociales se han vuelto palestras de antisociales comentarios y posturas radicales a favor y en contra. Sé que con estas letras no voy a cambiar su opinión, pero sí quiero exponer un punto que de pronto le ayude a reafirmar lo que piensa o de pronto a que flexibilice su posición.

Partamos de un hecho, le tengo fobia (aversión, temor, repulsión) a las arañas. Son escabrosas, peligrosas y hediondas. No me pasa lo mismo con los homosexuales. Cuando veo a un hombre besando a otro hombre, aunque me parece un poco bizarro, no sudo ni me enfermo. Tampoco salgo corriendo despavorido como si hubiera visto al mismísimo 'Patas'. Comprendo que la homosexualidad es una realidad y todo ser humano tiene derecho a preferir estar con quien a buen juicio lo desee (más allá del género).

Cuando veo una araña en mi casa, siento deseos incontrolables de matarla, porque si no lo hago, creo que por la noche, mientras duerma, me va a caminar por el rostro y me va a picar (una vez casi incendio mi apartamento por estar de cacería de una inofensiva arañita que me atacó en el baño y que me obligó a inventar un lanzallamas hechizo). Por el contrario jamás he sentido ganas de descargar un arma o de matar a pisotones a una pareja de mujeres que vea en la calle tomadas de la mano. Nunca he creído que si no mato a una de las vecinas gais que tengo, esta se va a meter furtivamente en mi casa y me va a hacer algo mientras pernocto en mi inocente cama heterosexual (?).

Por todo lo anterior, no creo que estar en desacuerdo con una idea que "favorezca" a la comunidad gay, sea necesariamente y como muchos dicen, producto de una odiosa y sectaria homofobia. No veo cómo opinar diferente a una persona de raza negra, me convierte inmediatamente en un racista a ultranza. No es cierto y no es así.

Aclarado esto, el concepto que emito, no lo hago porque sea un "hater" de las personas gais, sino porque hay varios puntos en los que creo que el menor (que es el directo implicado) verá vulnerados sus intereses y su desarrollo social. 

1. El paso paquidérmico de la sociedad: mientras las "altas" cortes legislan de manera muy neoliberal, la sociedad colombiana aún piensa y se comporta de forma arcaica y pacata. Somos progresistas de pensamiento y de redes sociales para afuera, pero en el seno de los hogares aún preexisten conceptos tan vetustos como el machismo, el maltrato, la intolerancia, la desigualdad, la trampa, el atajo, etc. Dicha incoherencia entre lo que se hace y lo que se permite, generará que los menores adoptados por parejas homosexuales se vean expuestos a constantes burlas, matoneos y atropellos, que indefectiblemente irán en contra de su desarrollo y de su sagrado derecho de desenvolverse libremente como seres sociales.

2. Estudios para allá y para acá: tanto los promotores como los detractores, se basan en estudios que soportan sus tesis. Lo cierto es que ninguno, óigase bien: ninguno ha sido concluyente. Lo cual infiere que ninguno tiene la verdad en sus manos. En razón a ello, solo nos queda remitirnos a nuestra propia experiencia. Pregúntese si a usted (que vivió en un hogar "regular") se le hizo difícil encajar, ser, crecer... ¿Cómo será el mismo escenario para quien desde los 0 años viene siendo criado por personas que mantienen un vínculo irregular? ¿No cree que puede resultar confuso para una menor ver a dos hombres juntos y tratar de entender cuál de los dos asume el papel correspondiente a la mamá, a la hora de consultar por los cambios que enfrenta su cuerpo - como su primera menstruación, por ejemplo? ¿No le parece intrincado para un menor criado en un hogar homosexual, entender cosas tan cotidianas como el origen de los niños y la forma como vienen al mundo?

3. De deberes y derechos: más allá de los derechos civiles, legales y morales que tiene toda pareja (hetero u homo), aquí no se debe debatir desde el derecho de los homosexuales a adoptar, sino desde el derecho del niño a elegir un hogar. El infante tiene voz y voto acerca de si prefiere unos padres adoptivos homosexuales o prefiere vivir bajo el cuidado estatal.

Ya muchos dirán: "¿y qué hacer si hay niños que no tienen la edad para decidir?" En virtud a los datos que entrega el ICBF, el déficit que tiene la institución en materia de adopción es precisamente en la población infantil comprendida entre los 9 y los 17 años y en los niños que tienen alguna condición de discapacidad. En mi humilde e inexperta opinión, edad prudente para que el menor emita un concepto. Insisto, esto no debe ser legislación en pro de una condición determinada, sino de preservar el derecho inalienable de un niño a elegir con quién vivir. Si el punto es adoptar, ¿necesariamente tiene que ser un bebé, mono, ojiazul, sin enfermedades y digno de un comercial de pañales?

4. Normal o anormal: la actitud desafiante de las parejas homosexuales de ir en contra de todo lo que no "comulgue" con su proceder, no debe ser el principio de esta decisión. Está claro que los gais no son los más católicos del mundo, pero insisten y arengan porque se les autorice casarse. Es decir: demandan cumplir con uno de los sacramentos de una religión que aborrecen y diatriban. Exigen ser reconocidos por una doctrina en la que ni siquiera creen. Si las uniones de hecho existen, son aceptadas por buena parte de la sociedad y de un tiempo para acá ya gozan de los mismos derechos civiles que tiene alguien casado por la iglesia o legalmente, ¿cuál será el interés aparte de desvirtuar las creencias de otros?

Las proclamas de sus adeptos en el tema de la adopción, tienen que ver con que las uniones de personas del mismo sexo, son algo absolutamente normal y natural. En ese orden de ideas, yo sugiero que tengan sus hijos de la misma forma.

5. Libertad no es lo mismo que libertinaje: soy consciente de que pensar y apoyar todas estas causas mediáticas y de inclusión sin trabas, que desafían el statuo quo, está de moda. Sin embargo la doble moral de quienes predican en favor de este tipo de movimientos, es algo que repulsa: apoyan a los gais, pero no quieren un hijo así; soflaman por la legalización de las drogas, pero temen pensar que un miembro de su familia caiga en la indigencia y en la adicción; son activistas sociales de tinte igualitario, pero rara vez destinan parte de sus recursos para ayudar a un necesitado; hablan de paz y tolerancia, pero satanizan y persiguen al opositor.

Además, y tratando de pensar en el futuro, me pregunto ¿habrá límite?, ¿en dónde se traza la raya de lo absurdo y lo neoliberal?... Si mañana una mujer quiere casarse con un caballo y un burro, porque tiene derecho a amar cualquier forma de vida semoviente ¿también accederemos?

¿Es la zoofilia, la pedofilia, la coprofilia (o cualquier parafilia) algo muy disímil que el principio sobre el cual se erige todo este debate? Finalmente son seres vivos (unos irracionales y otros menores de edad) a los que, bajo este conveniente principio, todo el mundo tiene derecho a amar y a unirse. Si como sociedad aplaudimos a los que se unen en cuerpo y lecho a los de su mismo género, ¿por qué censuramos a los que se unen de la misma forma a personas que no han cumplido la mayoría de edad?

En suma, creo que la decisión tal como fue aprobada en la Corte, no tiene en cuenta los derechos de los directos implicados ni las posibles consecuencias que tendría en la vida y en el desarrollo social de todos. En conclusión, sí odio a las arañas homosexuales y no estoy de acuerdo con la adopción igualitaria. 





  


3 comentarios:

Ruiz_Senior dijo...

Sólo hay un género: el género humano, con individuos de dos sexos. El género es un atributo de las palabras, no de los animales. Hablar de género para referirse a formas de vida ya es comprar la ideología enterita.

El punto 1 me parece falaz: no sería bueno abolir la esclavitud, porque la gente está acostumbrada a ver que los negros no saben leer y uno que fuera médico pondría en peligro su propia vida. Se podría argüir que la presencia de personas adoptadas por gais forzaría la apertura de la sociedad.

2. Comparadas con las experiencias de la mayoría, el desajuste cultural de tener dos padres o dos madres sería una incidencia menor: no como tener un padre que golpea a la madre, un padre que abusa de las hijas y algo más frecuente: un padre que no cría a sus hijos, por no mencionar que sea borracho, ignorante, comunista, malvado, corrupto, etc.

3. Sí sería deseable una familia heterosexual integrada y armónica, pero puede que esto no siempre sea posible. Creo que influye más el nivel económico.

4. Se confunde "parejas homosexuales" con militancia homosexual. No es justo ni pertinente atribuirle a todo el que es gay la ideología del movimiento gay. Más grave es que se crea que el matrimonio es católico. No, los no católicos también se casan y su unión se llama "matrimonio", que es un contrato legal. El problema del matrimonio gay (y hay muchos gais católicos) no es con los católicos ni con las leyes sino con las PALABRAS. Quieren forzar a cambiar el diccionario, lo cual es el peor totalitarismo, lo cual explica la afinidad de los comunistas (empezando por el finadito Papá Noel) con el movimiento gay. No que tengan derechos legales ni que eso afecte a los católicos, sino que los demás deben llamar matrimonio a lo que no lo es según la definición del diccionario. También podrían llamarse "heterosexuales" y los demás tendrían que someterse. El movimiento gay es un ariete totalitario que conquista votantes y manifestantes con caricias, como si un partido contratara damas amorosas para llevar gente a las marchas y a las urnas.

Las uniones de personas del mismo sexo no son algo natural. El matrimonio tampoco. Los primates tienen todas la formas de organización familiar, las de los humanos son creaciones culturales y en otras épocas era normal la poligamia y muchas otras prácticas opuestas al matrimonio.

5. Hay un bando de la libertad individual y otro del totalitarismo. Toda la retórica "progre" es barbarie tercermundista y sólo explota a los gais como a unos oprimidos que les resultan rentables como antes el proletariado, las mujeres, los negros, los micropeneanos, los "dependientes", etc. Los funcionarios tienen la misión de proteger a los agraviados y con ese fin tienen que robar a los que trabajan. Ésa es toda la cuestión. SIGUE

Ruiz_Senior dijo...

CONTINUACIÓN

Pero desde el punto de vista de la libertad individual es necesario plantearse si alguien tiene derecho de protección legal para sus contratos familiares y aun de adoptar (si puede probar un entorno sano y grato para el adoptado).

[Creo que usted tiene una noción confusa de lo que es "neoliberal": es lo que se atribuye a Margareth Thatcher y Reagan, la primacía del mercado.]

Un adulto tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que quiera. La comparación con la pedofilia no cabe, precisamente se trata de personas que requieren protección. La comparación entre gais y pedófilos o zoófilos es expresión de un prejuicio conservador.

Hace varias décadas yo era un joven colombiano emigrado y hablaba con un amigo estadounidense sobre estos temas. Le comenté que los homosexuales ponían en peligro a los menores de edad, a lo que me replicó que eso era más frecuente entre los heterosexuales. Cuando pienso ahora en mis opiniones de entonces me doy cuenta de lo prejuiciada que era mi visión: los abusos a menores en países desarrollados los cometen con mucha más frecuencia los heterosexuales, pero a mí me parecía obvio que no era así.

La decisión de la CC es un atropello porque esa entidad no debería legislar sino sólo revisar la correspondencia entre lo legislado y la carta magna.

Pero en fin, en muchos países los gais adoptan y todo lo que pasa en Colombia en todos los niveles, también lo que les pasa a los niños, es mucho peor. Uno de los logros de los totalitarios, o sea, de las cortes, es reclutar a su favor a todos los gais, a todos los "diversos" de cualquier tipo gracias a la persistencia de mentalidades tradicionales que presuponen que la conducta privada de la gente debe estar sometida a su juicio: a su envidia.

@donnyrossoff dijo...

Gracias por su comentario.