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Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

lunes, febrero 22, 2016

Un cáncer llamado: colombianos

No soy facho, no soy comunista, no soy yupi o ñero. No soy uribista, santista, derechista o izquierdista.  

Hago esta salvedad antes de que mis palabras predispongan su criterio y acomoden en cualquier esquina ideológica mis apreciaciones.

Hoy escribo con un sentimiento de hastío, de fastidio, de cansancio. ¡Estoy agotado de Colombia! Estoy cansado como cualquier persona que detesta el trabajo que tiene. Desde que abro los ojos por la mañana, siento el escozor que provoca otra jornada en esta irredenta tierra. A veces pienso que nada es real y que la cotidianidad es una copia de una copia de un mal original. La esperanza se esfuma más rápido que la cordura, la idea de que esto puede acabar tan espontáneamente como inició, ronda mis pensamientos.

No me malinterpreten, no espero vivir en el paraíso que bíblicamente nos pintaron unos ladrones venidos del mundo viejo y a quienes celebramos cada año. No quiero llegar al sepulcro sin cicatrices, hasta ellas enseñan y son parte del álbum de experiencias que todos debemos tener. Pero enfrentarse a la cruda y diaria realidad de un lugar en donde nada funciona correctamente, es una aflicción, un tedio.

Un día cualquiera, de sopor coloquial, me dispuse a indagar la base del problema. Si de verdad el origen yacía en la tierra, en la plaza, en la coordenada sería muy fácil tomar los tres "corotos" que caben en una maleta e irse a aliviar el letargo que embarga los rostros en el Transmilenio, en la calle, en las oficinas y en los restaurantes. Si el problema era la tierra delimitada y llamada Colombia, se solucionaría saliendo de ella. Así, sin patriotismos ni melancólicas frases de terruños endémicos. Sin mirar atrás.

Lamentablemente, el resultado de mi observación no halló culpabilidad en la patria. No es el clima, no es el lugar o el meridiano, no es el hemisferio, no es su asimétrica distribución, no es mi país. El verdadero engorro de Colombia son los colombianos. Quienes convirtieron su terruño en una república bananera. Esos que la deformaron hasta erigirla a imagen y semejanza suya.

"¿Y entonces, dónde nació este hp?" deben estar pensando algunos lectores. Les contesto, yo nací aquí, en Colombia. Mi pasaporte es ese que la mayoría pone volteado hacia abajo cuando debe entregarlo en inmigración de cualquier otro lugar. Soy de esos que ha sido catalogado como narco, guerrillo, paraco o violento; solo por venir al mundo en este lugar. Sin embargo y a pesar de que soy colombiano por la nacionalidad que por designio divino o evolutivo me tocó, no me considero uno, pues el lugar de natalicio no define quién soy y a qué le llamo "hogar". Hogar no es un lugar, la nacionalidad no dicta mi forma de pensar y actuar. Por eso sueño despierto uno de cada tres minutos, con una Colombia sin colombianos. Anhelo un día despertar y no volver a sentir el resquemor que produce compartir suelo con los que piensan que la honestidad es un sinónimo de idiotez.

No tolero ser encasillado intelectualmente con alguien que a diversos acontecimientos en otros países les llama "terrorismo", y a los mismos sucesos en su tierra les dice "paz". Me ofende pensar que quepa una ínfima comparación con esos idiotas útiles de los maquinadores ideológicos, llamados eufemísticamente "servidores públicos". Me produce repugnantes arcadas cuando en algún noticiero me relacionan con un zopenco que cree que destruir su propia ciudad y los bienes de la misma, es la forma adecuada de manifestar públicamente su inconformidad. ¡No!, me rehúso a ser colombiano, bogotano; me rehúso a que un execrable traidor y melifluo personaje, denominado 'Presidente' por un cargo que injustamente ostenta, hable en plural y de "nosotros los colombianos", cuando de voluntades y dignidades se trata.

El problema de Colombia son los colombianos. Esos que creen que su país va a cambiar a control remoto. Que bastan una conexión a internet y un usuario en redes sociales para lograr los cambios que creen desear. Esos que viven reclamando libertad pero no saben quién es su carcelero. Que demandan constantemente una revolución que no afecte su zona de confort. El problema son esos colombianos que creen estar por encima de los problemas mundanos que afectan a los demás, los apáticos, los desinteresados, los eclécticos, las aguas mansas, los que se creyeron el cuento de que ser colombiano es ser vivo, valiente, astuto, ario, vegano, cosmopolita, animalista, bondadoso, generoso y "berraco". 

Me tienen mamado los colombianos y todo lo que representan. Los de un problema para cada solución, los de una trampa para cada regla, los de una excusa para cualquier error >>> Un papel a la calle..."Es que estoy dando trabajo a los barrenderos". >>> Un conductor mal parqueado... "La calle no es suya, no sea sapo". >>> Una plata robable... "Si no lo hago yo, viene otro más vivo y se lo roba él". 

En definitiva, pienso que Colombia sufre mucho por cuenta del peor de los cánceres: los colombianos. Y aunque quiero ser enfático al recordar que "colombiano" no es aquel que nació en Colombia, sino aquel que con su forma de pensar, opinar y actuar, la destruye a diario, sí espero estar equivocado al decir que esta tierra está desahuciada. Aun cuando la mayoría de las veces, la cura aparece solo cuando después de perderlo todo, tenemos la libertad de hacer las cosas como queremos y como idealmente deberían ser, o sea: todo lo contrario a como lo haría un colombiano. 






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