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Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

viernes, abril 01, 2016

No me inviten a marchar

No me gusta caminar y menos cuando sé que por más pasos que dé no voy a llegar a ningún lado.

Razones para manifestarse y protestar, en Colombia, en este momento, con este gobierno, hay miles... A saber: el bélico proceso de paz, la economía carísima, el agro importador que no le importa a nadie, la justicia que está muy "in", el miedo que produce la seguridad, la enfermedad de la salud, la simétrica desigualdad de las clases, etc. Mejor dicho, gradualmente nos estamos acercando a la literalidad que describe la manida y coloquial frase: "país vuelto mierda".

En medio de tanta cosa, noticia, trino, odio, muerto y problema, alguien tuvo la genial idea de salir a marchar. En cierto momento, las convocatorias tenían fondo y forma. Tenían propósito y resultado, tenían importancia... ¡Pero ya no!

Hoy, y ya hastiado de ver a los unos maldiciendo y oprobiando la marcha de mañana, y a los otros revirando e injuriando a los que no marchan, debo decir que aun cuando en Colombia uno ve unos tierreros monumentales por cualquier cosa, esta discusión entra en mi TOP 5 de 'sorprendentes pendejadas'.

"Pero estamos defendiendo nuestro legítimo derecho a oponernos" dirán unos. "El que convoca la marcha no tiene autoridad moral para convocar nada" dirán otros... Vendidos, Borregos, Comunistas, Fascistas. Lo cierto e innegable es que sea una marcha multitudinaria o famélica en cuanto a participación, ¡Las marchas no sirven para nada! Las he visto de todos los tamaños y por las causas más absurdas y profundas que puedan imaginar. Las he visto pacíficas y violentas, las he visto en ciudades y países, he marchado y también me he quedado en mi camita viendo a los demás hacerlo. ¡Nunca conducen a nada!, ¡Nunca pasa nada! Ni siquiera esa del 2008 en la que casi todo el mundo marchó (1000 voces contra las farc). Colosales cantidades de personas se volcaron a las calles en las principales ciudades del país, en el exterior, en todo lado. Hubo banderas, camisetas, gorras, memes, palomitas y demás... ¿Y qué? Ahí están las farc, vacacionando en Cuba, imponiendo condiciones con el pretexto de la paz, lucrándose de la actividad narcotraficante, de concierto con sus infantiles mancebas, secuestrando, violando, extorsionando y coleando. ¡No pasó nada!

Hoy seguirán peleando los organizadores y los detractores, mañana los unos dirán que fue un éxito, los otros dirán que fue un rotundo fracaso y ya, no pasará nada, no cambiará nada, nada de nada.

A mí invítenme a pelear, a derrocar, a dar un golpe de Estado, a hacer parte de un cambio bueno, a las vías de hecho y deshecho. Si el problema es Santos, invítenme a sacarlo de los pelos de la casa de don Antonio y a hacerlo que pague lo que regaló. Invítenme a quemar el avión de Tutina o a venderlo para comprar comida en La Guajira, invíteme a empalar a los violadores, invítenme a ahogar en petróleo a los que mancharon nuestros ríos, a colgar a los corruptos, a fusilar a los que han fusilado (no a los que se oponen al proceso de paz, como sugiere el Senador Benedetti), invítenme a quemarlo todo y a construir algo nuevo y puro sobre las cenizas. Invíteme a sentar precedentes y a hacer historia, ¡a cambiarla para bien! Invítenme a cumplir un deber para que mañana podamos heredar derechos. Invítenme a matar el pasado para que el futuro pueda vivir, invítenme a cambiar lo que está mal, pero por favor, por más de acuerdo que esté con las razones, no me inviten a marchar.












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