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Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

lunes, mayo 09, 2016

Salvemos el optimismo

Si usted hace un repaso rápido por casi todos mis escritos, prontamente identificará un predominante pesimismo en lo referente al futuro que tenemos como sociedad. A veces hasta yo mismo me sorprendo traspasando la frontera entre la crítica y el abatimiento. No soy anarquista, ni emo, solo no "trago entero" y creo que la peor tragedia que puede sufrir un país, es la ignorancia de sus habitantes. Leo, estudio e investigo con decente profundidad las cosas que hacen que me pregunte ¿por qué?. Las respuestas me acercan a la atinada frase de Giacomo Leopardi: "la felicidad está en la ignorancia de la verdad", por eso sé que ser feliz u optimista en Colombia es un acto de ignorancia.

Sin embargo somos seres catárticos. La redención parece un algoritmo escrito en nuestra lógica y aun cuando algunos tratamos de tener un panorama argumentado y documentado del futuro, parece que es imposible no seguir creyendo en que todo puede mejorar y que aun es más la gente buena que queda, que la mala. 

Hace poco, una oportunidad de hacer crecer mi empresa a través de un negocio con una persona, me hizo cuestionar el excesivo seso que le pongo a cualquier decisión que tomo, a las a veces exageradas reticencias que tengo con todas las personas, a mi pesimismo desbordado producto de lo que sé. Entregué mi confianza, supuse que la paciencia había dado sus frutos y negué mi asidua suspicacia... ¡¡¡Pues casi me tumbaron!!! Por razones y bajo circunstancias que expondré en otra entrada, me vi envuelto en un timo del tamaño del comandante de las farc. Por poco pierdo lo que con tanto esfuerzo he construido honesta y consistentemente. Decidí creer que las recompensas existen para la gente buena y trabajadora; y por redentor casi termino crucificado. De nuevo la vida me enseñó: de eso tan bueno no dan tanto.

Hoy, tengo una razón para seguir creyendo en este mundo de porquería, pero ayúdenme a salvar el optimismo. Si alimentamos al lobo incorrecto (aduciendo la metáfora de la película Tomorrowland) ese será el que nos devore. El optimismo multiplica las fuerzas y si esas fuerzas son positivas, seguro no tendremos que esperar lo que parece inevitable, una sociedad degradada y deformada. 

El optimismo es el hilo conductor hacia el éxito y como para variar, tengo la idea de que la próxima vez que nos veamos las cosas estarán mejor.

   

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