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Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

lunes, junio 12, 2017

Con los ojos rojos

Digan lo que quieran, que mal perdedor, que no pierdo una...

Otra vez el América se queda por fuera de una final, ultimado por su rival de patio (aclarando que lo es, cuando le conviene usar el patio de San Fernando). Los verdes del país (Cali y Nacional) se encontrarán en la primera final del año 2017. Los del casi (América y Millonarios) a buscar consuelo para mitigar la tusa de estar tan cerca del título y al final, tan lejos como el peor de los 20 equipos.

Pero vamos al punto, la piedra que tengo radica en varias cosas, para empezar esta caterva de pusilánimes que ponen, dizque, a impartir justicia en cada juego. Aquí los árbitros, salvo que se juegue contra Nacional o Cali (los equipos más yuppies de la liga y casualmente, los finalistas), siempre actúan favoreciendo al local. Es el pavor propio del cobarde, el que mueve a los de "negro" a ayudar a los equipos dueños de casa. Claro, hay excepciones que confirman la regla, pero que al local le dan, le dan... Y entre más público tenga, peor será la dádiva. Así no se "echan encima al público" y coinciden con la lógica de analistas y periodistas deportivos.

En ese sentido me debo referir a la enorme injusticia que se cometió con 'La Mechita'. En días pasados por un juego de la Copa, el Deportivo Cali midió fuerzas con el América, en el coloso del barrio San Fernando - El Estadio Olímpico Pascual Guerrero. Cali, por su calidad de local, debía preparar el esquema de seguridad. Lo cierto es que no hizo su tarea, los hampones disfrazados de hinchas, de ambas escuadras, se cogieron a bala (leyó bien: ¡bala!) antes del partido. Como aquí la justicia es tan paquidérmica como la Policía, el encuentro se realizó de todos modos. Como el Cali era local, el árbitro hizo lo suyo con el silbato. En cuanto se acabó el partido, los hinchas (y los hampones disfrazados de hinchas) de cada onceno, se metieron a la cancha y se siguieron dando con lo que había. Algunos huyeron, otros atacaron, otros siguieron batallando campalmente. Lo cierto es que por cada persona con la camiseta escarlata, habían siete con la verdolaga. Para hacer el cuento corto, al Cali le levantaron la sanción y al América no. Al América le tocó jugar la ida de la semifinal sin público, al Cali no. El América, al no tener gente en la gradería, no lo favoreció el árbitro, al Cali sí. El América está eliminado, el Cali no.

Que el América también tiene la culpa ¡obvio microbio!, el resumen del juego indica que no le metemos un gol al arcoíris. Algunos jugadores parecen recién purgados y otros, a pesar de jugar en un clima cálido, lo hacen como si estuvieran en Alaska.

El punto de esta breve queja, es preguntar qué hacer para tener una liga que uno como espectador medianamente disfrute y en donde sí gane el mejor y no el que más tiene. ¿Cómo no terminar después de cada fecha con los ojos rojos? 




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