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Bogotá D.C., Colombia
Publicista (de los pocos orgullosos de serlo que quedan), especialista en marcas y Máster Jedi en mercadeo estratégico. Diatribero sin remedio, apologista de la razón, escritor, columnista y ecumeniquista. En Twitter me encuentran entre trinos perdidos calibre 36: @donnyrossoff

lunes, agosto 21, 2017

A llorar a otra parte



De antemano admito, que como buen político colombiano, haré un "reversazo" de muchas cosas que he escrito en este mismo blog.

Desisto de seguir quejándome por los árbitros, por los yerros que favorecen al local, por Nacional, por Postobón, por Win, RCN, el Deportivo Cali, por el Barcelona, por el Real Madrid, por el equipo afecto al organizador del torneo de barrio en el que participaba.

La verdad es que quejarse no sirve de nada y los títulos aparecen en las vitrinas de los favorecidos sin mancha alguna, inmaculados y brillantes. Las estrellas se bordan en las camisetas sin tacha, sin asterisco aclaratorio que lo lleve a uno a pie de página en donde se lea: "Campeón temporada 2015 con arbitraje polémico en la semifinal".

Desde que el América de Cali (el equipo de mis desamores) bajó a la categoría B, incluso antes, ya muchos seguidores escarlatas (y de otros equipos), nos quejábamos constantemente de los arbitrajes y de las "ayuditas" que le daban a equipos filiados empresarialmente con los derechos de televisión o con la empresa que bautizaba el torneo. Y no eran ayudas sutiles, sí había preferencia y sí hubo títulos y reconocimientos otorgados a algunos equipos de manera favorecida. Pero igual ¿a estas alturas qué importa?, como empecé diciendo, lo que la gente recuerda es el galardón, el título, el palmarés, no cómo se llegó a él. Cuando promocionan una película y dicen de sus actores: "el ganador del Oscar y la cuatro veces ganadora del Emmy", uno no se preocupa por saber, por qué interpretaciones fue que los nominaron, solo que el tipo tiene un Oscar y la señora, cuatro premios Emmy. 

Ya estamos en el segundo semestre de la Liga Águila, América no necesita que le ayuden a sus rivales para mostrarse como un equipo sin sangre, sin identidad, sin alma y sin propósito. Ya ni siquiera los hinchas de los otros equipos se burlan, se refieren a 'La Mechita' con preocupación, con pesar. Del otrora grande vallecaucano, solo quedan los recuerdos nostálgicos de sus hinchas mayores de 30 años y una vitrina de títulos vetustos. El Diablo anda de capa caída. El fuego del descenso lo acosa, lo trasnocha, lo agobia. El Técnico está en el ojo del huracán, el Presidente, el afable don Tulio, también está cuestionado, pues su angosta visión gerencial le alcanzó para llegar a la A, pero no para volver a ser un grande en ella.

Amanecerá y veremos, porque ayer, en el mítico América-Millonarios, solo se vieron bostezos, caras largas y ceños fruncidos, fútbol pocón pocón. Que hubo cuestiones arbitrales para analizar, claro, las hubo; pero es tan pobre el flujo de juego de los escarlatas, que ya ni con el árbitro uno se ensaña, al contrario da pesar ese pobre corriendo 90 minutos detrás de 22 troncos. 

Mi esposa me mira cuando apago el televisor, y antes de que empiece mi retahíla de descargos sobre el partido, me dice: "a llorar a otra parte". 

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